Los antiguos egipcios expresaban su visión del mundo y sus creencias a través de la pintura en diferentes soportes, cada uno con un propósito y un simbolismo específico.
Papiro
El papiro, elaborado a partir del tallo de la planta del mismo nombre, era un material flexible y ligero que servía tanto para escribir como para pintar. Los artesanos lo cortaban en láminas finas, las prensaban y las unían para formar hojas o rollos. En él se representaban manuscritos religiosos, los famosos "Libros de los muertos", documentos administrativos y obras literarias, siempre acompañados de ilustraciones coloridas.
Paneles de madera
Los paneles de madera constituían otro soporte frecuente. Sobre ellos se pintaban escenas de la vida cotidiana y de la religiosidad, y también se decoraban ataúdes y sarcófagos. Las imágenes solían ir acompañadas de jeroglíficos y motivos decorativos que reforzaban el mensaje simbólico.
Paredes de tumbas
Las paredes de las tumbas y de las cámaras funerarias se convertían en extensos lienzos donde se aseguraba al difunto un viaje seguro al más allá. Las pinturas mostraban actividades cotidianas del fallecido—caza, pesca, agricultura y banquetes—, así como deidades y espíritus protectores que garantizaban su bienestar en la otra vida.
Técnicas y pigmentos
Los colores se obtenían a partir de minerales y plantas. Los pigmentos se mezclaban con agua o con aglutinantes naturales para crear tintas que se aplicaban con pinceles de caña. Los artistas solían trazar el contorno de las figuras antes de rellenarlas, lo que aportaba definición y realce a la composición.
En conjunto, la variedad de soportes y la riqueza cromática revelan la importancia del arte pictórico en la vida religiosa y social del antiguo Egipto.