Los reclutas romanos, conocidos como tiro o recrutas, recibían una dotación de armas que les permitía entrenar y participar en combate. El equipamiento variaba según la época, la región y la unidad, pero generalmente incluía los siguientes elementos:
1. Gladius (espada corta)
El gladius era la arma principal de todo legionario. De hoja corta y doble filo, estaba diseñada para estocadas y cortes contundentes en el combate cuerpo a cuerpo.
2. Pilum (jabalina pesada)
Esta lanza arrojadiza, de gran peso, se utilizaba para romper las formaciones enemigas. Los reclutas entrenaban su lanzamiento preciso y con fuerza para desestabilizar al adversario.
3. Scutum (escudo rectangular)
El scutum, de madera recubierta con cuero o lienzo, ofrecía una amplia protección al soldado y formaba la base de la famosa “tortuga” romana.
4. Pugio (puñal)
Pequeño cuchillo o puñal que servía como arma de reserva para el combate cercano o para tareas de utilidad.
5. Funda (honda)
Los legionarios también aprendían a usar la honda para lanzar piedras o balas de plomo, una opción eficaz contra enemigos poco armados o a distancia.
6. Hasta (lanza larga)
Algunos reclutas recibían una hasta, una lanza más larga destinada a estocadas tanto contra infantería como contra caballería.
7. Espadas de entrenamiento
Durante el adiestramiento se empleaban espadas de madera o de hoja embotada, lo que permitía practicar sin riesgo de heridas graves.
Con la experiencia, el equipamiento del soldado podía cambiar según el rol asignado dentro del ejército.