Durante la Edad Media no existían aseos públicos ni sistemas de plomería modernos. Las prácticas de higiene dependían del lugar, la condición social y la época específica. A continuación se describen los métodos más habituales.
1. Botijos y letrinas privadas
Los nobles y las familias acomodadas utilizaban botijos o “cómodas” dentro de sus cámaras. Estos recipientes portátiles permitían atender la necesidad sin salir de la habitación; luego los criados vaciaban el contenido en fosas o lo llevaban a áreas designadas.
También contaban con letrinas privadas, pequeñas estructuras cerradas situadas al aire libre, con un asiento sobre un pozo o una cubeta que recogía los desechos.
2. Letrinas públicas
En las ciudades existían letrinas comunales, generalmente cerca de mercados o plazas. Consistían en filas de asientos sobre una zanja o pozo séptico. La privacidad era mínima y la higiene, escasa.
3. Ríos y arroyos
En zonas rurales y entre la población más humilde, era habitual usar ríos, arroyos o cuerpos de agua naturales para orinar y defecar. No eran instalaciones designadas, pero la falta de alternativas las hacía la opción más práctica.
4. Castillos con fosas y “garderobes”
Los castillos amurallados y las fortificaciones con foso a veces disponían de “garderobes” que sobresalían de las murallas y descargaban los desechos directamente al agua del foso.
5. Gestión de los desechos
Los residuos humanos se recogían y se destinaban de distintas maneras: a veces se utilizaban como fertilizante agrícola; en entornos urbanos, a menudo se vertían en ríos, calles o fosas, lo que provocaba condiciones insalubres y la propagación de enfermedades.
En resumen, las prácticas sanitarias variaron mucho a lo largo de la Edad Media y la ausencia de sistemas de alcantarillado y de inodoros modernos hacía que la higiene fuera un desafío constante hasta la aparición de la sanidad moderna siglos después.