Se dice que el rey alauí Hassan II poseía un mapa que reflejaba su sueño de un «Gran Marruecos»: el antiguo Sahara español, las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, las Islas Canarias, Andalucía e incluso Mauritania. Sea verdad o no, su política gradual –comprar territorio o presionar a los vecinos– dejó huellas que su hijo, el actual monarca Mohamed VI, ha heredado.
En la actualidad la atención está puesta en la crisis diplomática, migratoria y humanitaria que afecta a Ceuta. En un solo día ingresaron alrededor de 10 000 marroquíes, mayormente jóvenes, acompañados de algunos subsaharianos, con la aparente complicidad de las fuerzas de seguridad marroquíes. La llegada masiva ha generado problemas sanitarios vinculados al control de la COVID‑19 y una presión migratoria sin precedentes para la ciudad.
Incluso si se logra una solución inmediata, solo se estaría cerrando temporalmente un problema de vecindad crónico. Cada vez que España reafirma su soberanía sobre Ceuta, Melilla, Canarias y sus aguas, Marruecos responde con amenazas, chantajes o medidas represivas, evidenciando su agenda expansionista.
El conflicto del Sahara Occidental
El enfrentamiento entre Marruecos y el Frente Polisario por la soberanía del Sahara Occidental es el trasfondo esencial. Los saharauis reclaman el derecho a la autodeterminación, mientras Rabat considera el territorio una causa nacional. Desde 1975 existe un alto el fuego que Marruecos acusa de violarse unilateralmente; la respuesta armada saharaui busca forzar una reacción militar marroquí, mientras que la falta de respuesta de Rabat debilita la moral saharaui y favorece la diplomacia marroquí, apoyada por EE. UU., Francia, Reino Unido y varios estados africanos y latinoamericanos.
Durante tres décadas Marruecos ha conseguido que su postura de “no autodeterminación” sea mayormente aceptada en la arena internacional, gracias a alianzas estratégicas, acuerdos comerciales y cooperación militar con potencias como Rusia y China. La reciente normalización de relaciones con Israel, sellada bajo la administración Trump, reforzó su posición geoestratégica en el Estrecho de Gibraltar y en la gestión de flujos migratorios hacia Europa.
Marruecos y Estados Unidos: una relación en alza
Donald Trump calificó la propuesta marroquí de autonomía limitada del Sahara como “creíble y realista”, lo que impulsó la legitimidad de Rabat. La posterior administración Biden ha mantenido en gran medida esa línea, reforzada por la amistad de los Clinton con Mohamed VI. Además, se ha hablado de la posible apertura de consulados de varios países africanos en El Ayún y Dakhla, lo que implicaría un reconocimiento de facto de la soberanía marroquí en los territorios ocupados.
Según fuentes marroquíes, EE. UU. habría incluido el antiguo Sahara español en sus mapas oficiales y en documentos de la OTAN, y se discutiría la transferencia de la base militar española de Rota a Tan Tan, en el Sahara, aunque estas informaciones no están confirmadas oficialmente.
España frente al expansionismo marroquí
El Sahara Occidental es reconocido por la ONU como territorio bajo administración española, pero la posición española se ha alineado con la Unión Africana, la UE y la ONU, apoyando una solución política basada en un referéndum de autodeterminación. Esta postura divide la opinión interna en España: algunos sectores defienden la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, mientras que otros temen la presión marroquí mediante la migración.
En las Islas Canarias, la masiva llegada de inmigrantes (principalmente de Dajla y de varios países del Sahel) ha generado una crisis social y política, agravada por la falta de capacidad de absorción y la escasa deportación. En Ceuta y Melilla, Marruecos ha ejercido una “estrategia de asfixia económica”, controlando la apertura y cierre de fronteras y manipulando la información para intensificar la presión migratoria.
2021: Brahim Ghali, Gaza y la crisis migratoria
La visita clandestina del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, al hospital de San Pedro de Logroño (abril 2021) bajo pretexto humanitario encendió las tensiones. Marruecos acusó a España de traición y amenazó con deteriorar las relaciones bilaterales. Días después, el 18 de mayo, se registró la entrada de hasta 10 000 inmigrantes marroquíes en Ceuta, considerada por algunos analistas como una represalia directa por la presencia de Ghali en territorio español.
Este episodio muestra cómo Marruecos utiliza la migración como herramienta de presión para obligar a España a aceptar su visión del Sahara y a debilitar la soberanía de Ceuta y Melilla.
En conclusión, el expansionismo marroquí, reforzado por alianzas internacionales y por la instrumentalización de la migración, plantea un desafío complejo para España. Solo mediante un diálogo basado en el respeto mutuo y la búsqueda de soluciones conjuntas se podrá mitigar la tensión y garantizar la estabilidad en la región.