Matrimonio y contexto
El matrimonio de Alberto con la Reina Victoria en 1840 combinó amor y política, convirtiéndose en una de las grandes historias románticas de la monarquía. Victoria parecía apreciarlo mucho, y aunque Alberto no era un hombre apasionado —era puritano, tímido y melancólico— se distinguía por su equidad, sensibilidad y carácter afable.
Influencia política
Durante un tiempo, sin título más allá de príncipe consorte, Alberto fue objeto de burlas en la sociedad británica. Sin embargo, bajo la guía de su consejero, el barón Stockmar, también originario del principado de Coburgo, ejerció una notable influencia en la política del Reino Unido. Su meticulosidad y astucia al intervenir en asuntos gubernamentales le granjearon una reputación controvertida entre los líderes políticos, pero poco a poco instruyó a Victoria sobre los principios de una monarquía constitucional, donde el soberano debe estar por encima de los partidos y servir a todo el pueblo.
Legado y muerte
El punto álgido de su vida llegó en 1851, cuando impulsó la Gran Exposición Universal de Londres, evento que marcó la modernidad de la época. Falleció prematuramente en 1861, a los 42 años, dejando a Victoria profundamente afligida; la reina lamentó su pérdida durante muchos años.