
Un líder y un fundador
Napoleón cultivó un ideal de grandeza que lo impulsó a forjar y difundir, en Francia y en el extranjero, lo que él consideraba las promesas de una nueva sociedad.
Difusión de los ideales de la Revolución
Herede y liquidante de la Revolución, Napoleón creía que sus principios fundacionales tenían un valor universal, siempre que él los revisara y corrigiera. En los territorios anexados —Italia, Alemania, Polonia, Portugal y España— abolió el feudalismo (servidumbre, derechos señoriales, diezmos, etc.). Introdujo el Código Civil y los códigos afines, poniendo fin a prácticas judiciales confusas y a menudo corruptas. En los dominios católicos, los bienes eclesiásticos fueron confiscados y vendidos como propiedad nacional, lo que favoreció, sobre todo, a la burguesía.
Un conquistador sin precedentes
Comparar a Napoleón con figuras tan distantes como Alejandro, César o Tamerlán resulta poco útil. En su época, su superioridad estratégica le permitió derrotar a sus adversarios entre 1793 y 1811; sus derrotas se debieron más a la inferioridad numérica y a la dispersión de frentes que a errores propios. Su "modo napoleónico" de hacer la guerra priorizaba la iniciativa y la improvisación, buscando los puntos débiles del enemigo. El teórico militar Carl von Clausewitz reconoció en su práctica una acertada combinación de intuición y reflexión estratégica.
El Código Civil
El Código Civil, conocido como "Código Napoleónico", no surgió de la nada. Fue la culminación de esfuerzos anteriores para unificar el mosaico de leyes heredado del derecho romano y la Edad Media. Ya bajo los últimos reyes Borbones se había iniciado la tarea, y la Asamblea Legislativa de 1791 proclamó la intención de crear un código común, aunque sin resultados. Napoleón eligió al jurista Portalis, quien lideró la comisión que redactó el código en tiempo récord. Napoleón asistió a 57 de las 102 sesiones. El Código se publicó el 21 de marzo de 1804 con 2 281 artículos; ha sido reformado, pero sigue siendo la base del derecho civil francés.
… pero también un hombre con defectos
Restauración de la paz interior
Con la Constitución del 13 de diciembre de 1799, los tres millones de franceses que otorgaron poderes al Primer Cónsul esperaban paz interna. El Concordato de 15 de julio de 1801, firmado con el Papa Pío VII, restableció la Iglesia católica a su posición anterior a 1790, reconociendo al mismo tiempo la libertad de culto. Protestantes y judíos obtuvieron reconocimiento legal. Tras neutralizar a los monárquicos como Georges Cadoudal, Napoleón concedió una amnistía general y compensaciones a los chouanes y vendéos.
Pasión por la ciencia
Napoleón sentía un profundo interés por la ciencia y la tecnología, sobre todo la matemática. Se integró al Instituto, donde convivió con los científicos más destacados. Promovió investigaciones en electricidad (Volta), química (Berthollet), mineralogía (Dolomieu), paleontología (Cuvier, Lamarck) y medicina (Bichat, Laennec). Recibió propuestas de inventores como Dewandre (achicoria) y Appert (conservas). Sin embargo, desestimó los proyectos estadounidenses de Fulton (steamboat, submarino, torpedo) por considerarlos incompletos. Durante la campaña rusa, estudió la "Teoría Analítica de la Probabilidad" de Laplace.
Aspectos controvertidos
Restauró la esclavitud y saqueó los países que conquistó. Estas acciones, junto con rasgos de su personalidad, siguen dividiendo a los historiadores.
¿Tirano, dictador o déspota ilustrado?
El poder de Napoleón se inserta en la tradición de los tiranos griegos, las dictaduras romanas y los déspotas ilustrados del siglo XVIII (Frederick II, José II, Catalina la Grande). Su diferencia radicó en recurrir a plebiscitos para legitimar sus decisiones; entre 1800 y 1815 utilizó esta herramienta cuatro veces.
Obras obtenidas ilícitamente
El proyecto de un "Museo francés" reunió obras tomadas de emigrantes y de lugares secularizados. Desde 1802, Vivant Denon dirigió el "Museo Central de Artes", incorporando tanto colecciones francesas como adquisiciones forzadas en el extranjero. Tras el segundo Tratado de París (1815), sólo una parte de estos bienes fue devuelta.
Coste humano de las guerras napoleónicas
Se estima que las guerras de la Revolución (1792‑1799) cobraron cerca de 500 000 vidas; de 1800 a 1815, aproximadamente 800 000, de los cuales la mitad eran extranjeros del Imperio. Gran parte de la mortandad provino de heridas, enfermedades y privaciones más que de combates directos. Algunas batallas ejemplares: Austerlitz (1 800 muertos), Wagram (5 000), Borodino (≈ 7 000), Leipzig (≥ 20 000) y Waterloo (10 000).
Vigilancia sobre la clase trabajadora
El número de trabajadores asalariados o por obra alcanzó 1,8 millones, excluyendo a mujeres y niños. Napoleón mantuvo la Ley Le Chapelier (1791), que prohibía los sindicatos, y la reforzó con la ley del 12 de abril de 1803, creando fichas laborales y oficinas de colocación que facilitaban la vigilancia patronal. Paralelamente, instauró tribunales industriales y mejoró las normas sanitarias para fabricantes.
Restauración de la esclavitud
Tras su abolición en 1794, la esclavitud se restableció el 20 de mayo de 1802, en medio de un contexto colonial turbulento: pérdida y recuperación de islas en el Caribe, Guayana, Reunión y Mauricio. Aunque Napoleón, influido por la Ilustración, buscó una solución transitoria adaptada a cada colonia, la presión del lobby esclavista impidió reformas significativas. Durante los Cien Días prohibió el comercio de esclavos, pero la abolición definitiva llegó solo con el decreto del 27 de abril de 1848.
Una familia ambiciosa
Napoleón no llegó al poder solo; su familia lo acompañó. Cuatro hermanos (José, Lucien, Luis, Jerónimo) y tres hermanas (Elisa, Pauline, Caroline), junto a su madre y al tío, el cardenal Fesch, esperaban ascensos y títulos. Napoleón distribuyó coronas: José en Nápoles y luego en Madrid, Luis en Holanda, Jerónimo en Westfalia, Caroline en Nápoles. Sin embargo, sus desempeños fueron, en general, decepcionantes.