Historia antigua

Roma contra los bárbaros: la conquista de Germania

Roma contra los bárbaros: la conquista de Germania

Entre los años 19‑15 a.C., el emperador Augusto concluyó la conquista de Hispania, al igual que, tres décadas antes, Julio César había hecho lo mismo con la Galia. Ambas regiones se convirtieron en pilares del naciente Imperio Romano. Ahora, sin embargo, era necesario protegerlas, sobre todo la segunda, cuya frontera natural, el río Rin, era débil y constantemente cruzada por tribus germánicas en busca de botín.

Los germanos

Ya César había advertido, tras sus contactos con los pueblos germánicos del norte de la Galia: «No serán adversarios cómodos; son guerreros feroces que se alimentan de carne, leche y queso. No conocen la agricultura y visten como las tribus más antiguas». Para el famoso soldado romano, sus costumbres hablaban por sí mismas: cuanto mayor era la distancia que un pueblo lograba respecto a sus enemigos, más importante se sentía.

En cuanto a sus ejércitos, los romanos pensaban que carecían de una estructura militar formal, más allá del típico cuartel de guerreros de la Edad del Bronce. Un líder elegido por la asamblea de guerreros encabezaba tanto al ejército como a cada una de las tribus. Tacitus describe que los soldados iban a la guerra sin cascos ni armaduras y con poca ropa para evitar infecciones por heridas contaminadas. La primera fila llevaba lanzas cortas y escudos de madera rudimentarios; los que les seguían combatían con hachas, mazas o simples garrotes. Eran extremadamente altos, por lo que el combate cuerpo a cuerpo resultaba desventajoso. No obstante, los líderes germánicos demostraban astucia: utilizaban gritos para aterrorizar al enemigo, dominaban la guerra de guerrillas y no dudaban en engañar para sorprender.

Roma contra los bárbaros: la conquista de Germania

Una buena ilustración de lo que pudo haber sido la conquista romana de Germania.

Las tribus germánicas, en decenas, variaban en preponderancia. No poseían grandes ciudades, solo los típicos oppida celtes. Su gran aliado eran los extensos bosques teutónicos, que les ofrecían refugio y alimento, y que los romanos llegarían a odiar. Entre las más cercanas al Rin estaban los marcomanos, quadi, suevos y queruscos.

La conquista de Druso

Conocido como Druso el Mayor, era hijo de Livia, esposa de Augusto, aunque no de este último, pues la madre quedó embarazada tres meses antes de casarse con el futuro emperador; el niño fue entregado a su padre biológico, Tiberio Claudio Nerón. Augusto lo adoptó como uno de sus hijos favoritos y promovió su carrera ecuestre. En el 12 a.C. era cuestor en la frontera del Rin, a la espera de órdenes para intervenir contra los bárbaros que cruzaban el río año tras año.

Roma contra los bárbaros: la conquista de Germania

Druso

El crudo invierno dificultó la defensa de la frontera, y en primavera las legiones romanas estaban listas para adentrarse en territorio germano. Sin carreteras romanas, el terreno era lodoso y carecía de almacenes o ciudades donde aprovisionarse. Los soldados llevaban sus propios suministros y enfrentaban emboscadas constantes, lo que ralentizaba el avance. Druso utilizó dos vías adicionales: barcazas que subían por los afluentes del Rin y una flota marítima que desembarcó en el Mar del Norte con la ayuda de los frisios, expertos en las mareas.

Entre 12 y 9 a.C. Druso dirigió hasta cuatro campañas victoriosas, documentadas en las visitas invernales del ahijado de Augusto a Roma. En el año 10 a.C. la emperatriz Livia acompañó al general cerca del frente, y allí vio nacer a su nieto, el futuro emperador Claudio, en la ciudad galo‑romana de Lugduno. En el invierno siguiente Druso fue investido como cónsul y se perfiló como sucesor de Augusto, pero falleció en septiembre del 9 a.C. tras una grave infección provocada por una caída de su caballo.

En tres años la frontera se desplazó del Rin al río Elba, la máxima extensión del imperio al norte de Europa. Tras su muerte, Roma intentó romanizar la zona: comerciantes, construcción de vías y puentes, y la incorporación de jóvenes nobles germánicos al sistema imperial. Sin embargo, el hijo de Segimer, jefe de los queruscos, Arminio, protagonizaría una de las mayores humillaciones de las legiones romanas.

Varus, devuélveme mis legiones

Dieciocho años después de la muerte de Druso, Arminio había aprendido el funcionamiento interno de las legiones romanas. Junto al procónsul Publio Quintilio Varo, combatió en el este del imperio y, al ser destinado a Germania, vio la oportunidad de tender una trampa.

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Estatua de Varo, vista por los alemanes en 2003

La historiografía debate la política de Varo en Germania. Algunos describen su mandato sobre las legiones XVII, XVIII y XIX como represivo y violento; otros hablan de una romanización pacífica y de la distribución de las tropas en pequeñas unidades para el servicio público de la provincia de Germania Ulterior. En el otoño del 9 d.C., Varo decidió, por razones difíciles de justificar, retirar sus legiones al limes del Rin. Arminio le informó de una supuesta insurrección en los bosques del suroeste y Varo, siguiendo el consejo del teutón, desvió su ruta habitual al regresar del Elba al Rin.

Roma contra los bárbaros: la conquista de Germania

Recreación de la entrada de Varo en el bosque de Teutoburgo.

En la emboscada, las tres legiones fueron aniquiladas; las cifras varían, pero al menos 20 000 legionarios perdieron la vida en el bosque de Teutoburgo. Sus comandantes fueron capturados, sus cuerpos mutilados en rituales paganos y los estandartes nunca regresaron a Roma. Según Tácito, Varo se suicidó, siguiendo la tradición familiar ante la adversidad. Meses después, Suetonio relata que Augusto recorría los palacios gritando: «¡Varus, devuélveme mis legiones!». Fue el fin de la romanización al otro lado del Rin, aunque las legiones siguieron buscando venganza.

Germanico, el emperador sin corona

Su nombre real era Cayo Julio César Germánico. A los tres años perdió a su padre, Druso, y quedó como heredero potencial del trono, aunque la envidia lo mantuvo alejado. A los 19 años, Augusto ordenó a su sucesor Tiberio que lo adoptara como hijo, señalando su pretensión al cetro imperial. A los 27, ya era cónsul y su destino estaba ligado a la frontera germánica.

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Germanico

En el verano del 14 d.C., cuando Tiberio sucedió a Augusto, Germánico cruzó el limes del Rin con seis legiones, respondiendo al llamado de Segestes, suegro de Arminio, que buscaba reparar las relaciones tras la masacre de Teutoburgo. Germánico no logró capturar a Arminio, pero sí tomó a su esposa embarazada y la llevó a Roma para humillar al líder germánico. Recuperó dos de los tres águilas imperiales perdidas y ordenó enterrar los restos encontrados en el sitio del bosque.

Las campañas posteriores restauraron el control romano hasta el Elba alrededor del 17 d.C. Sin embargo, Tiberio ordenó la retirada de las legiones al Rin y convocó a Germánico a Roma para recibir honores. Los soldados, leales a su general, lo animaron a proclamarse emperador, pero él obedeció a su padre adoptivo. En el verano desfiló por las calles de la capital con los trofeos, incluyendo la hija de Arminio.

Pocos meses después, Germánico partió a Siria con su esposa Agripina y una nueva misión. Murió en Antioquía el 10 de octubre del 19 d.C., probablemente envenenado por orden de su rival, el gobernador Gneo Calpurnio Piso. Algunos sospechan a Tiberio, aunque sus defensores argumentan que buscaba evitar el costoso conflicto con los germanos.

Conclusiones

Roma perdió la última oportunidad de conquistar el norte de Europa; la frontera quedó fijada en el Rin, tal como había deseado Augusto, convirtiéndose en una fuente constante de tensiones entre lo latino y lo germánico a lo largo de la historia.

Más información:

Césares, Juan Manuel Roldán, Ed. La esfera de los libros, 2008

Augusto, Adrian Woldswhorty, Ed. La esfera de los libros, 2014

Anales, libros I‑IV, de Cornelio Tácito.

arrecaballo.es

Imágenes: commons.wikimedia