Historia antigua

Los pilotos contra los banqueros

Los pilotos contra los banqueros

En 1930 los franceses demostraron su supremacía aérea cuando Jean Mermoz, Pierre Dabry y Léon Gimié lograron unir Saint‑Louis con Natal en 19 horas 33 minutos, del 12 al 13 de mayo, a bordo del Comte‑de‑La‑Vaulx, un Laté‑28.

El regreso fue una odisea. Un viento adverso obligó a Mermoz a intentar el despegue 52 veces. A 800 km de Senegal una fuga de aceite provocó el sobrecalentamiento del motor y el avión tuvo que alunizar de emergencia cerca de un aviso que lo había localizado por radio. Los tripulantes resultaron ilesos, pero el hidroavión se hundió al romperse sus flotadores.

El sueño de un avión terrestre

Tras ese episodio Mermoz llegó a Dakar con la convicción de que el hidroavión era demasiado pesado y poco manejable; necesitaba una aeronave terrestre. La solución llegó bajo el nombre de Arc‑en‑Ciel (Arcoíris), la tercera versión del proyecto.

La primera, en 1927, se estrelló mientras intentaba cruzar el Atlántico Norte bajo el mando de Drouhin; la segunda fue consumida por un incendio en su hangar. La tercera, construida por el joven visionario René Couzinet, era un monoplano de tres motores que desarrollaba 2 000 CV y tenía una cabina de madera de líneas armoniosas. Couzinet, sin capital y con una voluntad férrea, había logrado materializar su sueño y necesitaba un piloto: Mermoz.

Un éxito sin respaldo

El 16 de enero de 1933 el Arc‑en‑Ciel despegó, cruzó Sudamérica y regresó a Francia. El hecho fue celebrado con discursos, recepciones y artículos elogiosos, pero el Ministerio no concedió ninguna subvención.

Ese avión rápido habría sido ideal para la Aéropostale, pero la compañía ya había desaparecido. Su patrocinador, Marcel‑Bouilloux‑Laffont, estaba acosado por acreedores y perseguido por enemigos políticos, y se rumoreaba el cierre de la línea.

Los pilotos frente a la política y la banca

Los aviadores no comprendían la situación. Mermoz, Guillaumet, Rein y Saint‑Exupéry miraban a los políticos y a los banqueros preguntándose si sus sacrificios – el Sahara abrasador, los Andes helados, los vuelos nocturnos y las tormentas – habrían sido en vano.

Ese drama, conocido también por otros compañeros de vuelo, marcó el fin de la era artesanal y heroica de la aviación. La gestión de una compañía aérea había pasado a ser asunto nacional, ya no dependía solo de unos pocos valientes.

El nacimiento de Air France y la cooperación internacional

En diciembre de 1932 se creó Air France mediante la fusión de todas las compañías aéreas francesas. Ante el Atlántico Sur, los nuevos directivos adoptaron una política cautelosa y consideraron formar un “pool” con Lufthansa, que también operaba la ruta.

Lufthansa había resuelto el problema de los cruces de larga distancia con sus hidroaviones Dornier‑Wal, que se posaban cerca de un buque‑base, eran izados, revisados, reabastecidos y luego catapultados al mar. El método demostró su eficacia y, en febrero de 1936, se inauguró la línea Berlín‑Buenos Aires.

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