El día de la explosión
Mykola Bodarenko trabajaba esa noche en la central nuclear de Chernóbil, a 150 m del bloque 4. Años después describió a Reuters lo que ocurrió: “Escuchamos un ruido y luego una ola como de terremoto. Esa fue la primera explosión. La segunda llegó unos segundos después. Vimos un humo blanco elevarse al cielo, pero seguimos trabajando”.
Una catástrofe sin precedentes
Según Greenpeace, la cantidad de radiactividad liberada al ambiente fue casi 200 veces mayor que la combinada de las bombas atómicas de Nagasaki y Hiroshima. La lluvia radiactiva llegó hasta Irlanda; Ucrania, Bielorrusia y Rusia fueron los países más afectados, absorbiendo el 63 % de la contaminación. Suecia fue la primera en alertar al mundo, pues el gobierno soviético mantuvo el accidente en secreto durante 24 horas.
Pripyat, la “ciudad del futuro”
La localidad de Pripyat, con 50 000 habitantes y considerada una muestra de la arquitectura moderna, fue evacuada horas después del desastre. Sus residentes ya habían recibido dosis elevadas de radiación.
Hoy sólo quedan edificios abandonados, mesas con comida aún puesta y juguetes en los cuartos infantiles. La fauna ha retomado el territorio: lobos, caballos salvajes, castores, jabalíes y otros animales recorren la ciudad, mientras los parques y el parque de atracciones, que debía abrir el 1 de mayo de 1986, vuelven a cubrirse de hierba.
Voces de la tragedia
Svetlana Alexievich recopiló testimonios de quienes vivieron la catástrofe en su obra “Chernóbil: una crónica del futuro”.
“¿Debo hablarte de amor o de muerte? No lo sé… ¿No son lo mismo? Éramos recién casados, caminábamos de la mano incluso al comprar…” relata una pareja que vivía en el hostal de bomberos.
Lyudmila Ignatenko, esposa del bombero Vassily Ignatenko, recuerda la noche del accidente: “Escuché un ruido, miré por la ventana y él me dijo: ‘Cierra las ventanas y vete a la cama. El reactor está en llamas…’ No vi la explosión, sólo las llamas y el calor insoportable.”
Larisa Z., madre de una niña con graves malformaciones, narra: “Mi hija nació sin nalgas, sin vejiga y con un solo riñón. Los médicos dijeron que no sobreviviría, pero ella vivió y ahora tiene cuatro operaciones. No podré volver a tener hijos.”
Reflexiones sobre la energía nuclear
Alexievich escribió que, al registrar esas historias, sentía que estaba “grabando el futuro”. Sus palabras resultaron proféticas cuando, años después, el accidente de Fukushima (2011) reavivó el debate. La autora abogó por abandonar la era nuclear y buscar caminos de desarrollo diferentes.
En su primera visita a la zona, describió la escena: “Decenas de helicópteros sobrevolaban, el ruido de vehículos militares y tanques resonaba en las calles. Soldados armados patrullaban mientras científicos sin protección caminaban cerca del reactor.”
La población, atrapada en una guerra invisible, comenzó a temer al agua, al suelo, a las flores y a los árboles, elementos que antes eran familiares y ahora podían matarlos.
El “turismo negro” y la serie de HBO
El interés turístico por Chernóbil dio origen al llamado “turismo negro” (término acuñado en 1996 por la Universidad Caledónica de Glasgow), que se refiere a la visita a lugares asociados con muerte y tragedia.
Si bien algunos atribuían el auge al videojuego S.T.A.L.K.E.R., fue la miniserie de HBO “Chernóbil” la que disparó la demanda: la serie alcanzó el número uno en IMDb y generó un aumento del 30‑40 % en las visitas a Pripyat.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski, durante su visita a Chernóbil en junio del año pasado, anunció la necesidad de “dar una nueva vida” a la región y firmó una estrategia de desarrollo para la zona.
Recientemente, un incendio en los alrededores de la central inactiva dañó algunos puntos de interés turístico, aunque la planta y la ciudad de Pripyat permanecieron intactas, según el director de “Chernóbil Tour”.
Conclusión
Los recuerdos de los sobrevivientes, los testimonios de Alexievich y la creciente curiosidad mundial nos recuerdan que la energía nuclear tiene un coste humano incalculable. La pregunta que queda es si la humanidad elegirá avanzar hacia un futuro libre de riesgos nucleares.
APE‑ME