El 31 de diciembre del 192 d.C. murió uno de los peores emperadores que la historia romana haya conocido: Cómodo. Tras la fama de la película de Ridley Scott, muchos imaginan que habría preferido morir en la arena del Coliseo, pero la realidad fue distinta. El joven monarca, de apenas 31 años, fue estrangulado por su propio guardaespaldas mientras vomitaba el veneno que su amante había introducido en su comida.
Más allá de los errores históricos de la película, el final de Cómodo refleja una Roma sin dirección, sumida en la lucha entre el Senado y el ejército. Tras su muerte, el Imperio quedó a la deriva y comenzó lo que se conoce como el "Año de los Cinco Emperadores".
El año de los cinco emperadores
Al morir Cómodo, el Imperio se encontraba al borde de la peor crisis económica, social y política de su historia. Tres grandes fuerzas competían por el poder: el Senado, cada vez más secundario pero aún influyente; la Guardia Pretoriana, la élite que había protegido a Cómodo; y los ejércitos estacionados en las fronteras, cuya lealtad era vital para la supervivencia del Imperio. Era el momento propicio para un cambio.
Pertinax
Horas después del asesinato, los conspiradores se dirigieron a la casa del prefecto de Roma, Publio Helvio Pertinax, quien a sus 66 años no buscaba el trono. Sin embargo, el Senado lo eligió el 1 de enero del 193 d.C. como nuevo emperador y ordenó la damnatio memoriae de Cómodo, borrando sus imágenes y recuerdos.
Pertinax intentó ganarse a la Guardia Pretoriana pagando 12 000 sestercios a cada soldado, pero la medida no bastó. Además, el Senado le exigía reformas económicas urgentes. Incapaz de satisfacer a ambos bandos, fue asesinado el 28 de marzo del mismo año por una turba de pretorianos.
Didius Juliano
Tras la muerte de Pertinax, el imperio fue subastado al mejor postor. Didius Juliano, amigo cercano de Pertinax, ofreció 25 000 sestercios a cada guardia pretoriano y se proclamó emperador. Su primera aparición pública en el Circo Máximo terminó en revuelta; la multitud lo atacó y solo la Guardia Pretoriana le salvó la vida.
La noticia de la subasta llegó rápidamente a las provincias. Tres gobernadores, al mando de las legiones más poderosas, se dirigieron a Roma para reclamar el trono, iniciando una carrera por ser el primero en llegar.
Lucio Septimio Severo
Septimio Severo, nacido en Leptis Magna (actual Libia), comandaba tres legiones en Carnuntum (la actual Austria). Aprovechó su proximidad a la capital y marchó a toda velocidad, obligando al prefecto de la Guardia Pretoriana a intentar detenerlo sin éxito.
El 14 de junio de 193 d.C., la Guardia Pretoriana abandonó a Juliano, quien fue asesinado esa misma noche. Septimio entró en Roma, fue proclamado emperador por el Senado y, al llegar, despidió a la Guardia Pretoriana y la sustituyó por sus propios hombres.
Pescenio Níger
Desde la oriente, Pescenio Níger, apoyado por los ejércitos del este, se proclamó emperador en Antioquía. Marchó hacia Bizancio y controló el estrecho de los Dardanelos, una pieza clave para el suministro de trigo africano.
Septimio dividió su ejército: una parte navegó hacia el norte de África para cortar el suministro de granos, y la otra, bajo su mando, se dirigió al este. En la batalla de Issos (abril de 194 d.C.) derrotó a Níger, quien fue capturado y ejecutado poco después.
Clodio Albino
Clodio Albino, comandante de las legiones en Britania, fue proclamado emperador por sus tropas. Aceptó el pacto de sucesión con Septimio, convirtiéndose en su heredero. Sin embargo, en 197 d.C. sus fuerzas se enfrentaron a las de Septimio en Lugdunum (Lyon). Según Dion Casio, Albino se suicidó con su propia espada y su cuerpo fue arrastrado por el caballo de Septimio; su familia también fue aniquilada.
Con la muerte de Albino, Septimio Severo consolidó su dominio sobre el Imperio. En su lecho de muerte, habría dicho a sus hijos: "Mantened la unidad, enriqueced a los soldados y no os preocupéis de nada más", una máxima que marcó el futuro militarizado del Imperio.
Para profundizar en la figura de Septimio Severo, consulte el artículo de Sergio Alejo: sergioalejogomez.com/septimio-severo
Más información:
Wolsdworth, Adrian. The Fall of the Roman Empire. Ed. The Sphere of Books, 2009.
Cabrero, J.; Fernández Uriel, P. Historia de Roma. Ed. Uued, 2008.
Imágenes: commons.wikimedia