Condiciones laborales
Las jóvenes trabajadoras, conocidas como "chicas de los molinos", provenían mayormente de áreas rurales y se encontraban en fábricas con ambientes peligrosos e insalubres, percibiendo salarios muy bajos.
Laboraban entre 12 y 14 horas diarias, seis días a la semana, realizando tareas físicamente exigentes, como movimientos repetitivos y levantamiento de pesos.
Condiciones de vida
Habitaban en casas de huéspedes o dormitorios propiedad de la empresa, a menudo muy estrechos y superpoblados. Se les imponían normas estrictas sobre comportamiento, vestimenta y conducta, bajo constante supervisión moral; cualquier desviación podía acarrear castigos o despidos.
Riesgos para la salud
Estaban expuestas a accidentes por maquinaria sin protección, enfermedades respiratorias por el polvo y la pelusa, y a una fatiga extrema por las jornadas continuas. El acceso a atención médica era limitado, recurriendo a remedios rudimentarios o tradicionales.
Resistencia y activismo
A pesar de las duras circunstancias, muchas encontraron apoyo en la camaradería con sus compañeras. Algunas se involucraron en los nacientes movimientos de reforma laboral y social, exigiendo mejores condiciones, seguridad y trato justo. Su acción colectiva influyó significativamente en la legislación laboral de EE. UU.