En la antigüedad, los escribas dependían de una variedad de instrumentos y materiales para plasmar sus textos. A continuación, se presentan los elementos más habituales.
Herramientas y materiales
Plumas de caña
Las plumas de caña se fabricaban a partir de los tallos huecos de plantas como el papiro. Se afilaban y se dividían en la punta para crear una superficie de escritura. Los escribas las sumergían en la tinta y redactaban sobre papiros o pieles de animal.
Plumas de ave (plumas)
Las plumas, generalmente de ganso o cisne, se recortaban y modelaban para formar la punta del lápiz. Eran más resistentes y duraderas que las plumas de caña.
Tinta
Se utilizaban diferentes tipos de tinta. La tinta de carbón, hecha de hollín o carbón vegetal mezclado con un aglutinante como agua o goma, era muy común. Otra era la tinta de hierro y galga, preparada con sulfato de hierro, bellotas de roble y goma arábiga.
Rollos de papiro
El papiro, elaborado a partir de los tallos de la planta del mismo nombre, se cortaba, se aplanaba y se entrelazaba para formar láminas que luego se enrollaban en forma de rollos para su uso.
Pieles de animal (pergamino y vitela)
El pergamino (hecho de piel de oveja o cabra) y la vitela (de piel de ternero) se trataban quitando el pelo, limpiando y estirando la superficie hasta lograr una hoja lisa para escribir.
Tablillas de cera
Utilizadas para escritos temporales y registros, consistían en tablas de madera recubiertas con una capa de cera. El escriba grababa el texto con un estilete y podía borrar fácilmente al alisar la cera.
Estiletes
Los estiletes, fabricados en metal, hueso o marfil, servían para incidir letras en las tablillas de cera.
Estos instrumentos y materiales permitieron a los escribas producir documentos que han contribuido a la preservación y transmisión del conocimiento a lo largo de los siglos.