El Coliseo de Roma, símbolo de la arquitectura antigua, ha sobrevivido a siglos de historia, pero solo una fracción de su estructura original permanece en pie. Diversos factores contribuyeron a su deterioro.
Terremotos
El anfiteatro resistió varios sismos importantes, entre ellos el de 1349, que provocó el colapso de la muralla exterior y debilitó gran parte de la construcción.
Incendios
En el siglo III d.C. un incendio de gran magnitud dañó gravemente el Coliseo, consumiendo la madera de los pisos y los sistemas de elevación.
Guerras e invasiones
Durante los conflictos que azotaron la ciudad, como el saqueo de Roma por los vándalos en 455 d.C., el monumento sufrió daños adicionales y su integridad estructural se vio comprometida.
Extracción de materiales
A partir del siglo V, el Coliseo fue tratado como una cantera. Se retiraron mármol, ladrillos y otras piedras para reutilizarlas en construcciones medievales, reduciendo notablemente su volumen.
Desgaste natural
Los siglos de exposición a los elementos —viento, lluvia, nieve y cambios de temperatura— provocaron una erosión continua que, combinada con la falta de mantenimiento, aceleró su deterioro.