El equipo de investigación SAPPO lleva más de tres décadas realizando excavaciones arqueológicas en el Cercano Oriente con el objetivo de esclarecer el origen de la agricultura y su impacto en las sociedades humanas arcaicas. La región es el crisol donde, por primera vez, se domesticaron cereales, leguminosas y animales, iniciando un proceso autóctono de transformación que desencadenó profundas revoluciones sociales: sedentarismo, crecimiento demográfico, avances tecnológicos y cambios simbólicos. Estas transformaciones son consideradas la revolución más decisiva para la humanidad desde sus inicios hasta la Revolución Industrial.
El área de estudio abarca la Alta Mesopotamia, es decir, los actuales territorios de Siria, Turquía e Irak. Se analizan procesos de neolitización vinculados a la domesticación agrícola y ganadera, el paso a una vida sedentaria y la consolidación de los primeros asentamientos urbanos. La cronología se extiende desde 12.000 cal a.C. hasta 3000 cal a.C., cubriendo grupos como los Natufianos, los primeros agricultores y ganaderos del Neolítico precerámico A y B, el Neolítico cerámico y las culturas Hassuna, Samarra, Halaf, Obeid, Uruk y el Próximo Bronce (Nínive 5).
La metodología combina excavaciones de campo con análisis interdisciplinario de materiales biológicos y geológicos, y se apoya en colaboraciones internacionales con equipos europeos y universidades locales del Cercano Oriente, garantizando la complementariedad entre investigación básica y formación de nuevos investigadores.
De las estepas áridas de Palmira a las montañas del Zagros
El proyecto se originó en 1987 con la excavación de Umm el‑Tlel, cerca de Palmira (Siria). Allí se describieron los últimos grupos de cazadores‑recolectores y la transición a la agricultura incipiente en el sexto milenio a.C., evidenciando una dualidad socioeconómica entre aldeas agrícolas estables y campamentos semi‑nómadas dedicados al pastoreo.
En la década de 1990, la construcción de los embalses de Tchrine, en el valle medio del Éufrates, permitió iniciar la excavación de varios sitios, entre ellos Tell Halula. Las veinte años de trabajo en este asentamiento (7800‑5300 a.C.) revelaron la evolución de una comunidad agrícola con arquitectura compleja, graneros, cerámica incipiente y la domesticación de suinos, bovinos y ovinos, así como los primeros indicios de diferenciación social.
Investigaciones paralelas en Akarçay Tepe (Sanlıurfa, Turquía), en colaboración con la Universidad de Estambul, documentaron la aparición de la cerámica y el aumento de la capacidad de almacenamiento.
Posteriormente, el proyecto se amplió a la cuenca norte de Mesopotamia, trabajando con la Universidad de Lieja (Bélgica) en Chagar Bazar (zona Hassake, Siria) y Tell Amarna (valle del Éufrates, Alepo). Estos estudios redefinieron el área de origen de la cultura Halaf, extendiéndola hacia el oeste y aclarando su relación con las posteriores culturas Obeid.
Kurdistán: una nueva frontera para la investigación
El conflicto sirio desplazó la atención del equipo hacia el norte de Irak, en la histórica región de Kurdistán. Desde 2011, la estabilización política y militar ha abierto la zona a la investigación internacional. La arqueología prehistórica había quedado paralizada desde los años 60, lo que brinda una oportunidad única para actualizar los datos arqueológicos.
Dos proyectos están en marcha: el estudio del asentamiento de Gird Laskhir, en la llanura de Erbil, que ofrece una secuencia continua desde el IV milenio (período Uruk) hasta el I milenio; y la excavación de Banahilk, en la zona montañosa de los Zagros (región de Soran), que aporta información sobre la cultura Halaf del VI milenio y sus redes de intercambio.
En conjunto, estas investigaciones continúan una larga tradición de estudios arqueológicos orientados a comprender el origen y la consolidación de las sociedades agrícolas y ganaderas. El Cercano Oriente sigue siendo la región donde la transición de cazadores‑recolectores a comunidades agrícolas se produjo con mayor antigüedad, sentando las bases de posteriores transformaciones en Europa y el resto del mundo.
Finalmente, la difusión de estos resultados y la formación de nuevos investigadores buscan contribuir al desarrollo, la riqueza y la estabilidad de las sociedades contemporáneas del Cercano Oriente.
[1] El equipo SAPPO está integrado por R. Alcántara, J. Anfruns, R. Arnaiz, A. Breu, J. Bosch, M. Bofill, A. Ortiz, S. Calvo, W. Cruells, C. Douché, F. Estebaranz, H. Faisal, J. M. Faura, I. Gironès, J. González, P. Mylona, A. Monforte, S. Ortiz, S. Pardo, I. Peix, J. A. Sánchez Priego, M. Saña, Q. Sisa, B. Taha, S. Taranto, E. Villarroya, J. Wattez, entre otros colaboradores históricos.
Agradecemos a las Direcciones Generales de Antigüedades y Museos de Siria, Turquía e Irak (Kurdistán), así como al apoyo económico del Ministerio de Cultura y de Educación y Ciencia de España, la IPCE, el Ministerio de Economía y Competitividad/Feder (HAR 2016‑78416‑P) y la Fundación Palarq (Madrid). El grupo SAPPO está respaldado por la Universidad Autónoma de Barcelona y la Generalitat de Catalunya (2017 SGR‑1302).