Entrevista con el prehistoriador Eric Boëda
El prehistoriador Eric Boëda, profesor de la Universidad de París X‑Nanterre y miembro del Institut Universitaire de France, es conocido por sus estudios sobre industrias líticas —las herramientas talladas por los humanos prehistóricos— en tres continentes. Dirige una misión arqueológica en Brasil y ha comentado los recientes anuncios que sugieren que pequeños monos capuchinos podrían haber producido fragmentos de piedra afilados, parecidos a los instrumentos de nuestros ancestros, lo que implicaría que este comportamiento no sería exclusivo de la línea humana.
Un mono capuchino usando rocas, fotografiado en el Parque Nacional Serra da Capivara (Piauí), noreste de Brasil.
Boëda señala que los monos observados pertenecen a la especie Sapajus libidinosus, muy sociable y habituada a la presencia humana. Los etólogos que estudian su comportamiento los alimentan y a veces roban comida, por lo que no son completamente salvajes.
Sciences et Avenir: Usted trabaja en el noreste de Brasil, en la zona donde, según un artículo de Nature de octubre de 2016, los capuchinos habrían producido fragmentos de piedra «parecidos a los de nuestros antepasados». ¿Qué opina?
Eric Boëda: Trabajo en el Parque Nacional Serra da Capivara, donde se filmó a estos monos. El artículo de Nature deja una impresión ambigua: parece que los monos tallan piedras como lo haría el hombre, aunque se aclara que no es intencional. En realidad, los primates sólo generan polvo de sílice que lamen, de forma similar a como cabras o caballos lamen sal.
¿Los videos muestran a los monos usando piedras?
Sí, existen varios videos. En uno, los monos arrojan piedras a un jaguar para ahuyentarlo; en otro, un capuchino usa una guijarra para aplastar un saltamontes; y en un tercer fragmento, rompen nueces con piedras. En los tres casos, los animales sólo aprovechan la masa y la dureza del mineral, sin intentar crear objetos afilados.
¿Hay alguna secuencia en la que un capuchino golpee un bloque de cuarzo contra otro?
Correcto. Cuando se golpean dos bloques, inevitablemente uno se fractura, pero los fragmentos resultantes son accidentales y no persiguen una finalidad. El objetivo del mono es obtener polvo de sílice para ingerirlo. Si se contabiliza toda la producción de un individuo, se observa que los fragmentos afilados son escasos frente a los numerosos bloques triturados y los cientos de golpes realizados.
¿Qué diferencia a estos fragmentos de los producidos por el ser humano?
Son irreconocibles. Cuando el hombre produce una lámina, ésta forma parte de una cadena de transformaciones que le otorgan una función concreta: raspar, perforar, cortar, etc. Las láminas humanas presentan ángulos de corte y retoces deliberados que nunca aparecen en los fragmentos naturales o en los generados por monos. El hecho de que un animal produzca accidentalmente un borde cortante no basta para explicar el origen de la tecnología humana. El ser humano planifica sus acciones para crear formas precisas y reproducibles; los monos no modifican ni transforman sus fragmentos de forma sistemática. En consecuencia, no hay comparación válida entre ambos fenómenos.