Una dieta más rica de lo que se imagina
Los vikingos eran famosos por sus festines de cerveza y hidromiel, pero su alimentación era mucho más variada y nutritiva de lo que suele pensarse. Consumían granos, frutas, carnes de animales domesticados, pescados, presas cazadas y hasta ballenas varadas, superando a la mayoría de sus contemporáneos europeos.
Evidencias arqueológicas
Además de los registros escritos, los investigadores han detectado restos de la alimentación vikinga en huesos, sistemas de alcantarillado y residuos domésticos. Estos hallazgos también revelan que sufrían de parásitos y intoxicaciones alimentarias por alimentos contaminados.
Abundancia de carnes y pescados
El consumo de carne era dominante. Criaban ganado, cabras, ovejas, caballos, así como aves de corral (pollos, patos y gansos) para obtener carne y huevos. La caza les proveía de alces, jabalíes, conejos y ardillas. En el mar y los ríos pescaban bacalao, caballa, eglefino y otras especies, y en ocasiones consumían focas y marsopas. Conservaban la carne mediante deshidratación, encurtido, fermentación, ahumado o simplemente almacenándola en el hielo del invierno.
Frutas, verduras y cereales
El consumo de vegetales era intenso. Disponían de una amplia variedad de frutas y hortalizas, cultivadas en huertos o recolectadas en la naturaleza. Los cereales eran esenciales, no solo como base alimentaria sino también para la producción de cerveza.
Influencias externas
Al expandirse más allá de Escandinavia, los vikingos incorporaron nuevos cultivos, condimentos y sabores a su gastronomía.