El llamado Casco de Leiro, descubierto en 1976 en la costa gallega, sigue sin una definición clara: ¿casco, cuenco o algún otro objeto ceremonial?
Descubrimiento
El 7 de abril de 1976 el pescador José Vicente Somoza, mientras cavaba los cimientos de una cabaña en el cerro llamado Corruncho dos Porcos, cerca de la playa de Leiro (municipio de Rianxo, A Coruña), encontró una vasija de arcilla de unos 60 cm de profundidad que contenía un objeto metálico. Creyó inicialmente que era de hierro, pero al examinarlo descubrió que estaba hecho de oro puro.
Somoza guardó la pieza en su casa durante tres días, bajo la curiosidad de los vecinos. Tras el consejo del sacerdote local, la entregó a la Guardia Civil. El Museo Arqueológico de La Coruña la adquirió por un millón de pesetas, con la condición de que nunca abandonara la provincia.
Características del objeto
El objeto pesa apenas 270 g, tiene un diámetro de 19,5 cm y una altura de 15 cm. Está fabricado en una sola pieza de oro y presenta una forma hemisférica coronada por un apéndice cónico truncado. Su superficie está decorada con bandas horizontales de líneas en relieve y círculos concéntricos.
Interpretaciones
Datado entre 1000 y 800 a.C., la mayoría de los expertos coinciden en que no se trata de un casco de guerra, sino de un elemento ceremonial. Algunas hipótesis son:
- Un casco decorativo utilizado en rituales.
- Una representación del pecho de la Madre Diosa, apoyada en el apéndice cónico.
- Un cuenco ritual invertido que simboliza autoridad, teoría mayormente aceptada hoy.
El apéndice cónico permitiría colocar el objeto sobre un soporte, reforzando su carácter simbólico y no funcional.
Relación con otros hallazgos
Su decoración guarda similitudes con los cuencos de Axtroki (Guipúzcoa), el Tesoro de Villena (Alicante) y los conos de Avanton (Viena), Schifferstadt (Renania) y Ezelsdort (Baviera). Estas comparaciones han llevado a algunos investigadores a situar el objeto dentro de esas tradiciones culturales.
Estado de la investigación
Aunque el Casco de Leiro forma parte de la colección del Museo Arqueológico, nunca ha sido objeto de un estudio monográfico ni de un análisis material exhaustivo, según la investigadora Beatriz Comendador (artículo de 2003). El hallazgo dentro de una vasija sugiere que fue ocultado deliberadamente, quizá para protegerlo o impedir su uso.