Ubicación y contexto
En la provincia iraní de Fars, a unos cinco kilómetros al noroeste de Persépolis, la antigua capital del Imperio Persa, se alza una montaña rocosa que alberga tumbas y relieves tallados durante los períodos aqueménida y sasánida.
Las cuatro tumbas principales
De todas las construcciones, sobresalen cuatro tumbas de gran tamaño, con forma de cruz y relieves tallados en la parte superior e inferior, excavadas siguiendo el modelo de los hipogeos egipcios.
La más antigua lleva inscripciones que permiten identificarla como la tumba de Darío I, tercer rey de la dinastía aqueménida, que gobernó entre el 521 y el 486 a.C. Uno de los fragmentos de la inscripción dice:
«[texto de la inscripción]»
Las otras tres tumbas comparten forma y apariencia con la de Darío I, pero carecen de inscripciones. Los arqueólogos, basándose en su estilo y ubicación, atribuyen estas tumbas a Jerjes I (hijo de Darío), Artajerjes I y Darío II.
La entrada de cada tumba se sitúa en lo alto del centro de la cruz. En el interior, una cámara alberga el sarcófago con los restos del monarca.
Existe una quinta tumba del mismo tipo, inconclusa, que podría corresponder a Artajerjes III o a Darío III, último rey aqueménida, derrotado por Alejandro Magno en la batalla de Gaugamela (331 a.C.) y asesinado poco después por sus propios sátrapas.
Relieves sasánidas
Los relieves que decoran el exterior de las tumbas fueron añadidos siglos después, durante el Imperio Sasánida (226‑651 d.C.). Representan escenas de guerra de soberanos como Narsés, Shapur I, Hormuz II, Bahram II y Ardashir I.
La fachada presenta columnas que forman un pórtico similar al de Persépolis. Los arqueólogos creen que las entradas se sellaron tras cada entierro, aunque fueron destruidas y saqueadas en la época posterior a Alejandro.
La Cúbica de Zoroastro (Ka’ba‑i Zartosht)
A unos 45 metros de las tumbas, frente a la supuesta tumba de Darío II, se encuentra la Cúbica de Zoroastro (Ka’ba‑i Zartosht), una construcción de siglo V a.C. de 14 metros de altura con forma de torre. Probablemente tuvo una función ritual, como custodiar la llama del fuego eterno, o sirvió como almacén de libros sagrados y documentos reales.
En tres de sus caras aparecen inscripciones trilingües en persa sasánida, parto y griego, que constituyen uno de los documentos históricos más importantes de la era sasánida.
Historia de las investigaciones
Desde el siglo XVIII, numerosos viajeros europeos han visitado el sitio y realizado dibujos de las tumbas y la torre. El primero fue el viajero alemán Carsten Niebuhr, en 1765.
Las excavaciones sistemáticas comenzaron en 1923 bajo la dirección del arqueólogo alemán Ernst Herzfeld, quien también excavó Pasargadae y Persépolis. Herzfeld pasó 11 años en Irán, pero en 1934 fue expulsado de su puesto en Berlín por sus antecedentes judíos y nunca pudo regresar.
Posteriormente, el Oriental Institute de la Universidad de Chicago, liderado por Erich Schmidt, continuó el trabajo entre 1936 y 1939, publicando el primer estudio detallado de las estructuras.