Introducción
Al igual que la Piedra de Rosetta facilitó el desciframiento de los jeroglíficos egipcios, otros sistemas de escritura siguieron procesos similares, aunque a veces más tortuosos. Los jeroglíficos de Anatolia, cuyo estudio se vio impulsado por descubrimientos previos, representan un fascinante efecto dominó en la historia de la epigrafía.
Antecedentes: de Malta a Anatolia
En 1694 se hallaron en Malta los Cippi de Melqart, dos pedestales con inscripciones bilingües en griego antiguo y fenicio púnico. Gracias a ellos, Jean‑Jacques Barthélemy reconstruyó el alfabeto fenicio cartaginés en 1758, lo que, dos siglos después, permitió avances en la comprensión del idioma etrusco.

El conocimiento del alfabeto fenicio resultó esencial para descifrar los jeroglíficos hallados en inscripciones de piedra y tablillas de Anatolia y Siria, cuyos ejemplos más antiguos datan del siglo XIV a.C. y los más recientes del siglo VIII a.C., momento en que la escritura jeroglífica desapareció en favor de los alfabetos.
El descubrimiento de Karatepe
En 1946 el arqueólogo alemán Helmuth Theodor Bossert, entonces profesor en la Universidad de Estambul, y su asistente Halet Çambel desenterraron Karatepe, una fortaleza hitita situada en los Montes Tauro, sur de Turquía. Allí se encontraron restos de edificios, tablillas, estatuas, dos puertas monumentales con relieves y pilares decorados con leones y esfinges.

Junto a las puertas se descubrió una inscripción bilingüe, datada en el siglo VIII a.C., escrita en caracteres fenicios y jeroglíficos anatolios. Al igual que la Piedra de Rosetta, ambos textos transmitían el mismo mensaje, aunque aún se desconocía el idioma representado por los jeroglíficos, que se suponía era hitita.
El proceso de desciframiento
En la década de 1970, el equipo formado por John David Hawkins, Anna Morpurgo Davies y Günter Neumann identificó que tanto la escritura cuneiforme como los jeroglíficos de Karatepe correspondían al mismo idioma: el luvio.
Para lograrlo, los investigadores se apoyaron en otro hallazgo posterior: vasos del reino de Urartu (siglos IX‑VIII a.C., actual Armenia) con inscripciones en urartiano pero usando la escritura jeroglífica luvia.

Una vez reconocido el luvio, la parte fenicia de la inscripción permitió su desciframiento completo. El autor, Azatiwada, gobernador de la ciudad, conmemoraba la fundación de Karatepe y se declaraba súbdito del reino de Quwe.
Excavaciones y el parque arqueológico
Las excavaciones, continuadas hasta la década de 1990 bajo la dirección de Halet Çambel, revelaron muros de 376 m de largo y 196 m de ancho, con alturas de 4‑6 m y gruesos de 2‑4 m. Cada 20 m había una torre o baluarte, sumando 34 (solo 28 identificadas). Dos imponentes puertas de entrada estaban flanqueadas al suroeste por leones y al noreste por esfinges.
Hoy Karatepe funciona como parque arqueológico y museo al aire libre, abierto al público.
Vínculos con Troya
Algunas teorías relacionan Karatepe y el luvio con la legendaria Troya. En 1995 se halló un sello luvio en el nivel VII de Troya, lo que llevó a investigadores como Frank Starke a proponer que el luvio podría haber sido la lengua de la Troya homérica. Starke sugiere, por ejemplo, que el nombre del rey Príamo derivaría del luvio priimuua, “excepcionalmente valiente”.

En 2010, el escritor Raoul Schrott, en un documental del canal alemán ZDF, planteó que la fortaleza y el entorno de Karatepe coincidían con la descripción homérica de Troya, hipotetizando que Homero habría trabajado como escriba para los asirios en Karatepe. No existen pruebas que respalden esta hipótesis.
Legado de los descubridores
Helmuth Theodor Bossert permaneció en Turquía, dirigió el Instituto Nacional de Arqueología, obtuvo la nacionalidad turca en 1947 y continuó las excavaciones hasta su jubilación en 1959. Falleció en Estambul en 1961.
Halet Çambel, quien tomó la dirección del proyecto, fue nombrada profesora en la Universidad del Saarland (Alemania) en 1960 y se jubiló en 1984. En 2004 recibió el Prince Claus Award por su labor arqueológica y restauradora en Turquía, y por fundar la cátedra de Prehistoria en la Universidad de Estambul. Además, en 1936 compitió en los Juegos Olímpicos de Berlín en esgrima con florete, convirtiéndose en la primera mujer musulmana en participar en los Juegos Olímpicos. Falleció en 2014.
Conclusión
La inscripción bilingüe de Karatepe no solo abrió la puerta al desciframiento de los jeroglíficos de Anatolia, sino que también demostró cómo los descubrimientos arqueológicos pueden desencadenar una cadena de revelaciones que iluminan civilizaciones antiguas y sus posibles conexiones con mitos legendarios como el de Troya.