Orígenes de Ctesifonte
La ciudad de Ctesifonte surgió como un barrio de la antigua Seleucia, fundada por Seleuco I Nicátor en el 312 a.C. en la margen occidental del Tigris, en lo que hoy es Irak. Para el 221 a.C. la urbe se había expandido al otro lado del río, creando un nuevo asentamiento que los partos, al conquistar la zona en el 141 a.C., eligieron como su capital bajo el nombre de Ctesifonte.

Un crisol cultural
Seleucia‑Ctesifonte se convirtió en una metrópolis cosmopolita donde convivían partos, persas, babilonios, griegos, judíos, asirios y árabes, convirtiéndose en una de las ciudades más grandes del mundo helenístico y romano.
De los partos a los sasánidas
La ciudad cambió de manos entre partos y romanos en varias ocasiones. En el 226 d.C. los persas sasánidas, fundados por Ardachir I, derrotaron al imperio parto y establecieron Ctesifonte como su capital. A partir de entonces fue escenario de continuas batallas y asedios entre sasánidas, romanos y, más tarde, bizantinos; el propio emperador Juliano murió frente a sus murallas durante el asedio de 363 d.C.

Khosrow I y el apogeo de la capital
El rey sasánida más célebre, Khosrow I (531‑579 d.C.), impulsó la construcción de imponentes edificios que embellecieron la ciudad como nunca antes. Bajo su mandato Ctesifonte alcanzó su máximo esplendor.
Conquista musulmana y declive
En 637 d.C. los musulmanes tomaron la ciudad, a la que llamaron Al‑Mada'in. Tras la fundación de Bagdad en 761, Ctesifonte fue perdiendo población hasta quedar prácticamente abandonada. Hoy sólo permanece visible la gran bóveda conocida como Taq Kasra o Gran Arco de Ctesifonte (Taq‑i Kisra).

La Taq Kasra: arquitectura y dimensiones
Situada cerca de Salman Pak, la ruina corresponde al antiguo palacio imperial cuya construcción se inició en el 540 d.C., aunque algunos historiadores la sitúan en el siglo III bajo Sapur I. La impresionante bóveda parabólica que cubre la cámara central se erigió sin andamios y es considerada la mayor bóveda de ladrillo no reforzada del mundo: alcanza 37 m de altura, 26 m de ancho y 50 m de largo. El tramo superior de la arco tiene 1 m de espesor, mientras que las paredes de la base llegan a 7 m.
El espacio abierto bajo la bóveda servía probablemente como sala de audiencias, donde el rey sasánida recibía a emisarios extranjeros. Los árabes la convirtieron en mezquita y, en el siglo X, sus ladrillos fueron reutilizados para el Palacio Taj de Bagdad.

Decoración y fuentes históricas
Fragmentos de mosaicos hallados en los alrededores indican que el interior estaba ricamente decorado. El historiador árabe Qazwini menciona que la pared del salón del trono mostraba a Khusrow montado en un caballo amarillo.
El historiador bizantino Teófilacto Simocátes, una de las principales fuentes sobre la Persia del siglo VII, también describió la magnificencia del edificio.
Daños, restauraciones y legado
En 1888 una grave inundación destruyó gran parte de la estructura. El gobierno iraquí inició una restauración en la década de 1980, culminando en 2017, pero el 7 de marzo de 2019 la bóveda sufrió otro colapso parcial.
Curiosamente, en 1940 el escritor Roald Dahl, entonces piloto de la RAF cerca de Bagdad, fotografió el arco y obtuvo un premio por la imagen.

Influencia arquitectónica
El Gran Arco de Ctesifonte inspiró numerosos edificios posteriores. La moderna catenaria invertida lleva el nombre de «arco de Ctesifonte». Su singularidad radica en que se sostiene por sí misma: la tensión en cada punto se reparte entre una componente vertical y una de presión que se transmite a los cimientos, sin necesidad de apoyos laterales, salvo en la zona inferior.