Descubrimientos arqueológicos

El majestuoso laberinto egipcio de Hawara, una maravilla perdida de la antigüedad

El laberinto de Hawara

En el siglo V a.C., el historiador griego Heródoto viajó a Egipto y recorrió la zona de El Fayum, al sur del delta del Nilo, a unos 100 km al suroeste de El Cairo. Allí observó un enorme lago que los egipcios llamaban mer‑uer y que él denominó Meris (el actual Lago Moeris).

Cerca del lago, en Hawara, Heródoto contempló la pirámide de Amenemhat III, faraón de la XII dinastía construida en el siglo XIX a.C., cuyo complejo funerario era el mayor del Reino Medio. Junto a ella, descubrió un gigantesco laberinto:

El majestuoso laberinto egipcio de Hawara, una maravilla perdida de la antigüedad

Descripción del complejo

El laberinto era un inmenso conjunto de edificios interconectados al sur de la pirámide, con una superficie aproximada de 70 000 m². Se estima que albergaba unos 3 000 cuartos distribuidos en dos niveles, uno de los cuales era subterráneo, y alrededor de 12 patios.

Al visitar el sitio, a Heródoto sólo le permitieron recorrer el nivel superior, ya que los guardias egipcios le prohibieron el acceso a lo que describieron como las cámaras funerarias de los faraones que habían construido el laberinto y a los sagrados cocodrilos.

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Testimonios antiguos

Probablemente el recinto todavía se utilizara con fines ceremoniales, lo que explicaría la restricción de Heródoto. Otros autores clásicos también lo mencionan. Estrabón, que lo visitó en el siglo I a.C., lo describe de forma similar, aunque sin aludir a las cámaras subterráneas.

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Plinio el Viejo, por su parte, asegura que el arquitecto del laberinto fue Petesuchos Pnepheros, nombre que aparece también en la dedicatoria de un templo de la cercana Karanis (hoy Kom Oshim).

Desaparición y redescubrimiento

Con el paso de los siglos el laberinto, que en la Antigüedad tardía se consideraba una de las maravillas del mundo, se perdió. Desde la época romana fue utilizado como cantera, y durante mucho tiempo surgieron dudas sobre si realmente había existido o si los relatos antiguos eran meras exageraciones.

El majestuoso laberinto egipcio de Hawara, una maravilla perdida de la antigüedad

En 1849, la expedición del arqueólogo prusiano Richard Lepsius descubrió una serie de estructuras que él creyó parte del templo de Amenemhat III, pero que en realidad correspondían a los restos del famoso laberinto.

Excavaciones modernas

En 1888 el egiptólogo Flinders Petrie inició los trabajos de excavación, pero quedó consternado al comprobar que el laberinto estaba completamente destruido y no pudo recuperar ninguna parte del complejo.

En 1911 Petrie regresó a Hawara y, aunque el laberinto seguía en ruinas, encontró numerosos retratos Fayum sobre momias de la época romana, así como fragmentos de dos estatuas colosales del faraón sentado Amenemhat III; sólo quedaron sus enormes pedestales, conocidos como los Colosos de Biahmu por el lugar donde fueron hallados.

El majestuoso laberinto egipcio de Hawara, una maravilla perdida de la antigüedad

Petrie publicó un plano con una reconstrucción parcial del laberinto, compuesto por 18 grandes cámaras separadas por tres corredores principales (dos laterales y uno central). En conjunto, se estima que el edificio medía unos 300 m de largo por 244 m de ancho, dimensiones suficientes para albergar los grandes templos de Karnak y Luxor.

Hoy sólo quedan escasos restos: fragmentos de columnas de granito, algunos muros y sus cimientos, jambas de puertas y partes de estatuas. Sin embargo, no todos los investigadores están de acuerdo. Algunos, como Montet o von Däniken, sostienen que el verdadero laberinto aún permanece oculto en la zona de Hawara, cerca de la entrada al canal del Lago Moeris.