Descubrimiento del tzompantli de Tenochtitlán
Entre 2015 y 2017 se hallaron miles de cráneos humanos en el antiguo tzompantli de la capital azteca, Tenochtitlán, en lo que hoy es la Ciudad de México. Los restos fueron descubiertos en la zona sagrada del Templo Mayor, cerca del santuario dedicado a Huitzilopochtli, el dios del sol.

El hallazgo fue publicado en la edición del 22 de junio de 2018 de la revista Science y recibió cobertura en Sciences et Avenir, acompañada de reconstrucciones realizadas por arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Dimensiones y arquitectura
Después de dos años de estudio se determinó que el tzompantli era una imponente estructura rectangular de unos 35 m de largo, 12‑14 m de ancho y 4‑5 m de altura. A ambos lados de la plataforma había dos torres de cal y cráneos, de 5 m de ancho por 1,7 m de alto, que sostenían la “reja de cráneos”.

Los expertos estiman que la fase constructiva de este “ábaco de cráneos” se ubica entre 1486 y 1502, aunque los sacrificios humanos se practicaban en la ciudad desde su fundación en 1325.
Los cráneos hallados
Se exhumaron 675 cráneos que, tras un año y medio de trabajo, revelaron una sorprendente diversidad: además de guerreros, se identificaron mujeres y niños. “Fue una verdadera sorpresa”, comentó el investigador Raúl Barrera (INAH) a The Guardian.

Los cráneos forman parte del temido Huey Tzompantli, descrito por cronistas españoles como torres de cal y cráneos que se alzaban sobre el horizonte, provocando horror entre los conquistadores.

Según Bernardino de Sahagún, durante ciertos festivales se sacrificaban todos los cautivos —hombres, mujeres y niños— como tributo a los dioses. Estas prácticas eran vistas por los españoles como “la muerte de seres humanos en comunicación con lo superhumano”.
Perspectivas futuras
Las excavaciones continúan; aún no se ha alcanzado la base del sitio y se esperan más descubrimientos que amplíen la comprensión de los rituales aztecas.