Descubrimientos arqueológicos

Un gas mortal se escapó de la puerta del inframundo

Descubrimiento de gases tóxicos en el templo romano de Plutón

En el antiguo templo romano dedicado a Plutón, dios del inframundo, en Hierápolis (Turquía), se detectaron vapores tóxicos de dióxido de carbono (CO₂). En la época clásica, el recinto se utilizaba para sacrificios animales en ritos misteriosos.

Un gas mortal se escapó de la puerta del inframundo

Ruinas de la antigua Hierápolis, en la Turquía actual.

¡Infierno y radiación! En Hierápolis, cerca de Pamukkale, el Plutonio –un santuario romano dedicado a Plutón, rey del inframundo– no estaba pavimentado con buenas intenciones, sino con huesos de animales sacrificados a la deidad más temida mediante un proceso misterioso. Hace unos 2 200 años, los fieles, sentados en escalinatas de piedra, presenciaban un espectáculo extraño: cuando los animales, acompañados por sacerdotes, se acercaban a la “puerta del infierno”, una pequeña puerta de piedra, morían al instante sin ningún contacto visible, mientras los oficiales permanecían ilesos. ¿Milagro?

El geógrafo griego Estrabón (65 a.C.–25 d.C.) y Plinio el Viejo ya comentaban este fenómeno, atribuyéndolo a la castración de los sacerdotes eunucos del culto a Cibeles. La explicación real, sin embargo, es mucho más mundana.

Una grieta geológica mortal

Un gas mortal se escapó de la puerta del inframundo

Tomando medidas en el antiguo sitio del Plutonio en Hierápolis, Turquía. Crédito: Hardy Pfanz

Los romanos aprovecharon un fenómeno natural: erigieron estos templos sobre fallas geológicas que liberan dióxido de carbono (CO₂). Una nube concentrada de este gas asfixia a cualquiera que lo inhale. Un equipo liderado por el vulcanólogo Hardy Pfanz (Universidad de Duisburg‑Essen, Alemania) visitó el sitio en 2011 y, usando un analizador portátil, midió la emisión de gases del “portal al infierno”. En el templo y en la pequeña cueva subterránea, donde las concentraciones de CO₂ siguen matando aves, insectos y pequeños mamíferos, los datos mostraron que los niveles de gas varían según la hora del día.

Cómo funciona la “nube mortal”

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Pequeñas víctimas actuales de vapores de dióxido de carbono, cerca del antiguo santuario del Plutonio de Hierápolis. Crédito: Hardy Pfanz

En esta zona de Turquía, con alta actividad sísmica, una grieta profunda bajo el Plutonio emite CO₂ continuamente en forma de niebla. Durante el día, el calor solar dispersa el gas; por la noche y al amanecer, el CO₂, más denso que el aire, forma una capa de unos 40 cm de espesor que flota sobre el suelo. Esa densidad sería suficiente para asfixiar a un ser humano, según los especialistas.

«Probablemente los sacerdotes eunucos realizaban sus sacrificios al amanecer o al atardecer, cuando la concentración del gas era máxima», explican los investigadores. Gracias a su baja estatura, a la protección de la nariz o a breves pausas en la respiración, los sacerdotes evitaban la inhalación tóxica, a diferencia de los animales (como los bueyes) que se asfixiaban en pocos minutos. Los espectadores, incapaces de explicar el fenómeno, lo atribuían a poderes sobrenaturales chthónicos.

Los sacerdotes de Cibeles

Un gas mortal se escapó de la puerta del inframundo

Cibeles entre dos leones. Crédito: Jean Bernard/AFP

La castración como práctica religiosa existió en la Antigüedad grecorromana, sobre todo en los cultos misteriosos como el de la diosa frigia Cibeles. Para servir a la diosa, los corybantes, también llamados “galles” o “galli”, se sometían a la autogestación, conocida como sanguinaria.