Descubrimiento de cráneos mesolíticos con signos de violencia
Un estudio reciente publicado en la revista Antiquity revela que, hace unos 8 000 años, en la zona del río Motala Ström, al este del actual reino escandinavo, se realizaron ceremonias desconocidas que dejaron como testigo una serie de cráneos humanos con evidencias de maltrato.

Entre 2009 y 2013, los arqueólogos extrajeron de una estructura artificial sumergida (12 × 14 m) bajo el agua una docena de cráneos y el esqueleto de un bebé. Nueve de los cráneos pertenecían a adultos; uno de ellos conservaba tejido cerebral. Todos mostraban lesiones que indicaban un trato cruel.
Lesiones y diferencias de género
Los cráneos presentan heridas curativas en los mismos puntos, lo que sugiere agresiones repetidas. Dos de ellos aún estaban clavados en estacas al momento del hallazgo. Según el Laboratorio de Osteoarqueología de la Universidad de Estocolmo, las mujeres mostraban marcas de golpes con objetos contundentes en la parte posterior y derecha del cráneo, mientras que los hombres tenían lesiones en la parte superior o en la cara. Tres cráneos masculinos presentan señales de daño postmortem.

Ubicación de los golpes en cráneos de mujeres (gris) y hombres (negro). Fuente: Laboratorio de Osteoarqueología, Estocolmo.
Interpretación ritual
La concentración de estos restos en el mismo lugar lleva a los antropólogos a pensar que podrían formar parte de un rito. Se hallaron alrededor de 400 postes, probablemente utilizados para clavar cráneos, y una cerca que delimitaba el monumento. “Poco después de la muerte, o incluso más tarde, los cráneos fueron depositados en este lago y colocados sobre la estructura de madera y piedra”, explican los investigadores.

Estructura sumergida de Kanaljorden hace 8 000 años. Los bloques de piedra contienen fragmentos de cráneos humanos, algunos empalados (rojo), huesos (azul) y restos de animales salvajes (amarillo).
Restos animales y conservación
Junto a los cráneos humanos se encontraron huesos de osos pardos, ciervos y tejones, colocados intencionalmente. Con el paso de los milenios, el lago desapareció y se transformó en una turbera, lo que ayudó a preservar los restos.
Laboratorio de Osteoarqueología