Un hallazgo que encendió las redes
En julio de 2018, obreros que realizaban obras en el patio de un edificio residencial de Alejandría tropezaron con un sarcófago de granito negro de unos treinta toneladas, enterrado a cinco metros de profundidad. La noticia se volvió viral y, durante varios días, los internautas imaginaron que se trataba del tan esperado sepulcro de Alejandro Magno, desaparecido hace 2.300 años.
¿Era la tumba del gran conquistador?
Ante la expectación, las autoridades egipcias fueron rápidas en desmentir la teoría. Mostafa Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, explicó que los restos hallados dentro del sarcófago correspondían a tres individuos, probablemente soldados, y que no había ninguna inscripción que vinculase el sepulcro con la familia ptolemaica ni con Alejandro.
Foto tomada el 19 de julio de 2018, cuando se abrió el sarcófago negro. © AFP
Al abrir la enorme caja, los arqueólogos encontraron tres cráneos con fracturas, probablemente causadas por armas blancas, y los cuerpos estaban parcialmente sumergidos en un líquido rojizo y maloliente, producto de la infiltración de aguas residuales. Una curiosa petición en línea llegó a solicitar el consumo de aquel “jugo de cadáveres”, aunque obviamente se trató de una broma macabra.
Origen probable del sarcófago
Según el diario egipcio Egypt Today, el sarcófago podría pertenecer a uno de los cementerios orientales de la antigua Alejandría, donde fueron enterrados griegos y macedonios durante el periodo ptolemaico. Los tres individuos habrían sido sepultados alrededor del 30 a.C.
Los registros históricos sitúan la tumba de Alejandro en el distrito real del centro de la ciudad, una zona que fue destruida en los siglos III y IV d.C. tras revueltas y guerras. Por eso, el hallazgo en un barrio ahora completamente urbanizado no corresponde al legendario sepulcro del rey macedonio.
Destino de los restos
El gobernador de Alejandría, Mohamed Sultan, confirmó que los esqueletos serán trasladados al Museo Nacional de la ciudad. Mientras tanto, el Consejo Supremo de Antigüedades estudia la restauración del sarcófago y el análisis químico del líquido encontrado en su interior.
¿Qué ocurrió con la verdadera tumba de Alejandro?
El gran conquistador murió en Babilonia en 323 a.C. y, según la tradición, fue enterrado en la Alejandría que él fundó en 331 a.C. Escritores de la Antigüedad —Strabón, Diodoro de Sicilia, Lucano y Suetonio— relatan visitas de figuras como Julio César, Augusto, Calígula y Caracalla a la supuesta tumba, que describían como un monumento de gran esplendor, incluso con un sarcófago “transparente”.
Sin embargo, el barrio donde se encontraba la tumba fue devastado por incendios, terremotos y la constante expansión urbana. Para el siglo IV d.C., la ubicación exacta se había perdido, como lo evidenció San Juan Crisóstomo al preguntar en una homilía: «¿Dónde está la tumba de Alejandro?». La desaparición del sepulcro se ha convertido en una leyenda que sigue alimentando la imaginación de historiadores y aficionados.
En conclusión, el sarcófago negro es una valiosa pieza arqueológica que nos recuerda la compleja historia de Alejandría, pero no es el tan buscado último refugio del rey Alejandro.