Descubrimiento de un posible caso de crucifixión
Un esqueleto de aproximadamente 2.000 años de antigüedad, desenterrado en la zona de Gavello (Rovigo, Véneto), podría constituir el segundo caso documentado de crucifixión en la historia.
La crucifixión fue una forma de castigo capital utilizada por el Imperio romano durante más de cinco siglos. Hasta ahora, el único hallazgo arqueológico seguro de una víctima crucificada era el de Yehohanan ben Hagkol, encontrado en una tumba del siglo I d.C. en Giv'at ha‑Mivtar, cerca de Jerusalén.
El hallazgo en Gavello
El esqueleto, apodado “el hombre de Gavello”, fue exhumado en 2007 de una tumba aislada en Larda di Gavello. Los investigadores de las universidades de Ferrara y Florencia, que publicaron sus resultados en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, identificaron una lesión singular en el calcáneo derecho que, según explican, corresponde a la entrada y salida de un clavo de hierro.
Esqueleto del hombre crucificado de Gavello al momento del descubrimiento (2007). © Soprintendenza archeologia per le province di Verona, Rovigo e Vicenza
Región de Rovigo, en la llanura del Po, donde se hallaron los restos. © Soprintendenza archeologia per le province di Verona, Rovigo e Vicenza
Comparación con el caso de Yehohanan
En el caso de Yehohanan, el talón mostraba un clavo de hierro de 11,5 cm incrustado en el hueso. En Gavello, los autores afirman que “el calcáneo derecho, el único preservado, muestra inequívocamente un orificio de entrada del clavo y una lesión transversal en la cara externa del pie”.
Calcáneo de Yehohanan atravesado por un clavo de hierro (siglo I). © Israel Museum, Jerusalén
¿Cómo se llevaba a cabo la crucifixión?
Durante este doloroso proceso, los clavos se introducían en las muñecas o antebrazos para fijar al condenado a la barra horizontal (patibulum) y, a su vez, en los pies, ya sea en el calcáneo o a través de los metatarsos. La cruz se erigía a la vista del público, a menudo junto a una carretera. La muerte se producía por agotamiento y asfixia progresiva; en muchos casos se quebraban las piernas (crucifragium) para acelerar el sufrimiento. Tras la muerte, el cuerpo quedaba expuesto, alimentando a los animales carroñeros.
¿Por qué son tan escasos los restos?
La mayoría de los crucificados eran criminales, esclavos o desertores, y sus cuerpos eran arrojados a ríos, fosas o entregados a perros. Además, los clavos podían ser reutilizados como amuletos, lo que dificulta la identificación de la práctica en los restos óseos.
Sobre la crucifixión
El castigo tiene orígenes asirios, babilonios y persas; los romanos, influenciados por los cartagineses, lo emplearon entre el siglo III a.C. y el 337 d.C., cuando el emperador Constantino I lo prohibió. Flavio Josefo relata que, alrededor del 80 a.C., Alejandro Jenéus ordenó la crucifixión de 800 opositores en Judea.
Fuente: Archaeological and Anthropological Sciences