El Getty Conservation Institute de Los Ángeles, que acaba de concluir la restauración de la tumba más famosa de Egipto, ha determinado que las misteriosas manchas marrones que aparecen en sus paredes ornamentadas son de origen microbiológico, pero los organismos están muertos y ya no representan una amenaza.

Desde su descubrimiento en 1922 por el arqueólogo británico Howard Carter, la tumba de Tutankamón (KV 62) en el Valle de los Reyes, cerca de Luxor, ha sido objeto de constante estudio. Mientras se esperan los resultados de los últimos sondeos con radar de penetración terrestre realizados en febrero de 2018 por un equipo italiano del Politécnico de Turín, especialistas estadounidenses del Getty Conservation Institute, en colaboración con el Ministerio de Antigüedades de Egipto, han finalizado la inspección de los frescos murales del sarcófago.
Origen de las manchas
Los frescos, creados hace unos 3 000 años sobre una gruesa capa de mortero, estaban destinados a guiar al joven rey en su tránsito al más allá. Tras nueve años de intervenciones dentro de un amplio programa de conservación —incluyendo la instalación de un sistema de filtración y ventilación— los expertos californianos aseguran que no hay nada que temer de esas manchas.

¿Qué son esas manchas?
Un fenómeno poco frecuente en el resto del Valle de los Reyes, las decoraciones murales de la tumba presentan pequeñas motas que, con el tiempo, suscitaron preocupación. ¿Se trataba de hongos o moho? ¿Podrían dañar las pinturas milenarias? Las manchas estaban ya presentes cuando Carter abrió la tumba, y al comparar fotografías de la época con las actuales se constata que no han crecido.
“Los análisis de ADN y químicos indican que las manchas son de origen microbiológico, pero los organismos están muertos”, declaró Neville Agnew, líder del proyecto, al New York Times el 28 de marzo 2018.
Impacto de los visitantes
El estudio también reveló abrasiones en áreas cercanas a la entrada, atribuibles al elevado número de turistas que se aglomeran en el estrecho espacio del sepulcro. Se propone instalar nuevas barreras para limitar el acceso a los sectores más frágiles.
“El flujo constante de visitantes ha alterado la humedad y los niveles de dióxido de carbono en la cámara funeraria, de ahí la necesidad de las obras de conservación iniciadas en 2008”, añadió Agnew.
En 2014, la empresa Factum Arte creó una réplica perfecta de la tumba real a menos de un kilómetro de distancia, con el objetivo de aliviar la presión sobre la tumba original. Actualmente se planifica un programa de mantenimiento sostenible y visitas controladas.