Descubrimientos arqueológicos

Península Ibérica: la genética revela una gran ola migratoria desde las estepas hace 4 500 años

Un amplio estudio de paleogenética ha arrojado luz sobre los movimientos migratorios que moldearon la Península Ibérica durante los últimos 8 000 años. Los resultados indican que, hace unos 4 500 años, poblaciones nómadas de las estepas de Europa del Este llegaron al territorio y sustituyeron casi por completo las líneas del cromosoma Y de los hombres locales.

Península Ibérica: la genética revela una gran ola migratoria desde las estepas hace 4 500 años

Los restos de los hermanos de La Brana, hallados en el noroeste de España, presentan una estrecha relación genética con grupos de Europa Central.

Una ola migratoria inesperada

Aunque la Península ha sido siempre una encrucijada de asentamientos desde el Paleolítico, nadie anticipó una migración tan masiva proveniente de las lejanas estepas de Europa del Este. Un estudio publicado en Science demuestra que, alrededor del 2500 a.C., los grupos de agricultores del norte del Mar Caspio (actual Rusia) introdujeron la haplogruja Y R1b‑M269, que rápidamente desplazó a las líneas nativas del Neolítico.

El análisis de ADN antiguo de 271 individuos, datados entre 6000 a.C. y 1600 d.C. y procedentes de 79 sitios de España, Portugal, Andorra y Gibraltar, fue liderado por Íñigo Olalde, David Reich (Harvard) y Carles Lalueza‑Fox (Instituto de Biología Evolutiva, UPF).

Reemplazo casi total de los linajes masculinos

Durante la Edad del Bronce, en apenas cuatro siglos, la ascendencia paterna de los ibéricos se transformó: los antiguos linajes neolíticos desaparecieron y fueron sustituidos en un 40 % por los nuevos pobladores. No se hallan evidencias arqueológicas de violencia; los investigadores sugieren que las alianzas matrimoniales, impulsadas por las mujeres locales, favorecieron la integración de los recién llegados.

Península Ibérica: la genética revela una gran ola migratoria desde las estepas hace 4 500 años

Carles Lalueza‑Fox, Laboratorio de Paleogenómica del Instituto de Biología Evolutiva (UPF).

«Este proceso, que duró unos 400 años, afectó de forma desigual a hombres y mujeres. Al final de la Edad del Bronce, los nuevos migrantes habían reemplazado el 40 % del patrimonio genético local», explica Lalueza‑Fox. «Es necesario replantear los horizontes arqueológicos de esas épocas con una perspectiva distinta».

Los vascos, una excepción genética

El ADN antiguo también revela que la población vasca actual ha experimentado escasos cambios genéticos desde la Edad del Hierro, hace unos 3 000 años. A diferencia de otras comunidades ibéricas, los vascos mostraron poca influencia de los romanos, visigodos o moros, probablemente por su aislamiento geográfico.

Otro hallazgo sorprendente es la presencia de genes subsaharianos en dos individuos de 4 000 años de edad, uno de Madrid y otro de Gades (Cádiz), así como trazas de flujo genético procedente del sur de África durante la época púnica y romana, siglos antes de la conquista musulmana.

Los investigadores enfatizan que el ADN por sí solo no explica todas las migraciones; la arqueología y la antropología son esenciales para comprender los patrones observados.

Ejemplos ilustrativos incluyen una tumba doble de la Edad del Bronce en Castillejo de Bonete (Ciudad Real), donde una mujer local y un hombre de origen europeo central fueron enterrados juntos, y restos de individuos de ascendencia grecorromana en Empúries (Girona).

Península Ibérica: la genética revela una gran ola migratoria desde las estepas hace 4 500 años

Tumba de Castillo de Bonete, Ciudad Real. ©L. Benítez / José Luis Fuentes Sanch

Matrimonio mixto
En el yacimiento de Castillejo de Bonete, se halló a una mujer de origen local y a un hombre con rasgos genéticos de Europa central, evidenciando la convivencia y mezcla de poblaciones durante la Edad del Bronce.