Un escudo celta de corteza de árbol, 2300 años de antigüedad
En 2015 arqueólogos de la Universidad de Leicester desenterraron en Everards Meadows (sur de Inglaterra) los restos fragmentados de un escudo que data entre 395 y 250 a.C. El hallazgo, conservado en un suelo saturado de agua cerca del río Soar, está compuesto casi en su totalidad por corteza de aliso, sauce, álamo y avellano, reforzado con tiras de madera fibrosa de manzano, tilo, álamo y aliso, y recubierto con varias capas de cuero.
El escudo, conocido como el Escudo de Corteza de Leicester, mide aproximadamente 70 cm de diámetro y estaba decorado con un motivo a cuadros pintado en la superficie exterior. Tras cuatro años de experimentos dirigidos por Matt Beamish, los investigadores lograron reconstruir una réplica funcional que demostró que, aunque menos resistente que los escudos de madera maciza o de metal, era mucho más ligero y permitía una gran libertad de movimiento.
Este descubrimiento muestra que los guerreros celtas no dependían exclusivamente de escudos de bronce, como el famoso Escudo de Battersea del siglo I a.C. expuesto en el British Museum. De hecho, como explica la especialista en arte y arqueología celta Nathalie Ginoux, “muchos escudos celtas estaban hechos de madera” y se han encontrado ejemplares en Irlanda, Suiza, Dinamarca y hasta en Egipto, lo que evidencia la gran movilidad de los mercenarios celtas.
El escudo de corteza también confirma una referencia de Julio César en sus Comentarios de la Guerra de las Galias (Libro II), donde menciona que los galos utilizaban “escudos de corteza o de mimbre”. En la batalla del Lago Trasimeno (217 a.C.) durante la Segunda Guerra Púnica, los relatos también hablan de escudos de mimbre empleados por contingentes celtas al servicio de Aníbal.
El Escudo de Battersea, de placas de bronce del siglo I a.C., es otro ejemplo de la variedad de materiales usados por los celtas.
Cultura de La Tène y mercenarios celtas
La cultura de La Tène, o Edad del Hierro tardía (≈ 450‑25 a.C.), representa el apogeo de la civilización celta y sucedió a la cultura de Hallstatt. Durante este período, los celtas fueron famosos como mercenarios. Más de 150 menciones de celtas como auxiliares o mercenarios aparecen en fuentes grecolatinas, desde el siglo V a.C. hasta el siglo I d.C.
El siglo III a.C. constituye el “punto álgido” de este fenómeno, cuando los celtas lucharon en las Guerras Púnicas, en la región del Mediterráneo occidental y en las guerras de Asia Menor. Se les encontró en Italia, Grecia, Asia Menor, Tracia, Sicilia, el norte de África y Egipto.
Para profundizar, consulte Celts, Galatians and Gauls, mercenaries of Antiquity, de Luc Baray (Ediciones Picard, 2017).