Un hallazgo milenario
El juego de pelota es una de las prácticas más emblemáticas de las civilizaciones mesoamericanas y se mantuvo vigente durante más de 3 000 años. Recientemente, arqueólogos han descubierto en México una de sus pistas más antiguas.
Descubrimiento en Etlatongo
Con una antigüedad de 3 400 años, la segunda cancha de pelota más antigua conocida en América se encontró en el sitio de Etlatongo, en la zona alta del Valle de Nochixtlán, Mixteca Alta, México. El hallazgo fue publicado por Jeffrey Blomster y Víctor Salazar Chávez de la Universidad George Washington en la revista Science Advances.
Características de la pista
Durante las excavaciones se identificó una zona de juego de unos 1 500 m² construida alrededor del 1200 a.C. (J.C.). La datación por carbono‑14 sitúa la pista en el 1374 a.C. En el estrato se hallaron restos humanos, huesos carbonizados de animales y plantas, y fragmentos de figurillas cerámicas que representan a los jugadores, lo que sugiere la realización de una ceremonia de consagración.
El juego y su simbolismo
El juego se disputaba en una superficie rectangular, similar a un corredor en forma de I de unos veinte metros de largo, flanqueado por plataformas de mampostería. Dos equipos, de dos a siete jugadores cada uno, lanzaban una pelota de caucho sin usar manos, pies ni cabeza, empleando caderas, codos, antebrazos, hombros o glúteos. El objetivo principal era pasar la pelota a través de un anillo colocado en la pared.
La iconografía de sitios mayas como Copán (Honduras) o Tonina (México) muestra sacrificios humanos vinculados al juego. La pelota de caucho simbolizaba al Sol; su ascenso y descenso durante el partido representaba el ciclo cósmico de vida y muerte. Los autores señalan que la gran variedad de pelotas (de hasta 3 kg y entre 8 y 30 cm de diámetro) indica usos diversos: algunas eran ofrendas incineradas, otras formaban parte del juego.
Contexto histórico
Hasta ahora, la mayoría de los vestigios señalaban que los pobladores de las costas del bajo Golfo de México y del Pacífico fueron los pioneros del juego. Sin embargo, este hallazgo muestra que la tradición también estaba arraigada en las tierras altas de la región mixteca.
Se han contabilizado cerca de 2 300 canchas en Mesoamérica. La más antigua, datada en 1650 a.C., está en Paso de la Amada, Chiapas. En la actualidad, una variante moderna del juego prehispánico sigue viva en México bajo el nombre de ulama.
Prohibición y legado
Tras la conquista española (1519), el juego fue prohibido por su asociación con sacrificios humanos y prácticas religiosas consideradas idólatras. El fraile dominico Diego Durán, en sus crónicas de 1570, describió cómo los cautivos podían ser ejecutados durante los partidos. Otros relatos, como los del Popol Vuh transcritos por el fraile Francisco Ximénez, relatan enfrentamientos entre deidades del inframundo y humanos, culminando en decapitaciones.
La iconografía de numerosos sitios mayas muestra a jugadores sacrificados, pero los especialistas aún debaten si esos relatos reflejan un mito o una práctica real y frecuente.