Los nuevos hallazgos de antropólogos de la Universidad de California, Berkeley, demuestran que la antigua ciudad precolombina de Cahokia, una de las más grandes de Norteamérica, no desapareció de forma misteriosa ni repentina. El análisis de restos fecales, polen fosilizado y carbón vegetal permite reconstruir una población que se mantuvo presente en la zona hasta el siglo XVIII.

El estudio y sus métodos
El equipo liderado por el antropólogo A. J. White analizó los estanoles fecales, moléculas orgánicas que se generan en el intestino humano al digerir alimentos, especialmente carne. Estos compuestos quedan atrapados en los sedimentos durante miles de años y, al ser mucho más abundantes en humanos que en animales, sirven como indicadores fiables de la presencia humana.
Junto a los estanoles, se examinaron granos de polen fosilizado y restos de carbón, lo que permitió estimar la densidad poblacional y los cambios ambientales en el sitio arqueológico.
Una presencia continua hasta el siglo XVIII
«Siempre se pensó que Cahokia era una ciudad fantasma al contacto con los europeos», comenta White en el comunicado de prensa. «Sin embargo, hemos reconstruido una presencia amerindia que perduró durante siglos». Los datos indican que, tras un descenso poblacional alrededor del año 1400, la zona experimentó una segunda ola de asentamiento nativo en el siglo XVI, manteniéndose estable hasta el siglo XVIII, cuando los factores de migración, guerra, enfermedades y cambios climáticos empezaron a afectar a la sociedad cahokiana.
Cultivo, caza y sacrificios humanos
Los habitantes de Cahokia cultivaban maíz, cazaban bisontes y practicaban quemas controladas de sus campos. En 1967, bajo el montículo 72, se descubrieron más de 250 restos humanos, probablemente sacrificados en honor a dos individuos de alto rango cuya sepultura estaba ricamente adornada. Estos hallazgos confirman que, además de la agricultura y la caza, la comunidad realizaba rituales de sacrificio masivo.
En conjunto, estos resultados muestran una historia mucho más compleja que la visión simplista de «Adiós nativos, hola europeos», resaltando la resiliencia y persistencia de los pueblos originarios de la región.