Descubrimientos arqueológicos

Mayas: el Códice Grolier resulta ser auténtico

Autenticación del Códice Grolier

¡Increíble giro! El famoso códice maya, conocido como Códice Grolier, había sido catalogado como falsificación durante más de cuatro décadas. Un estudio reciente de investigadores de la Universidad de Brown (Rhode Island, EE. UU.) ha demostrado su autenticidad. Datado alrededor del año 1230, se convierte en el manuscrito más antiguo conocido de América.

Mayas: el Códice Grolier resulta ser auténtico

El libro consta de 11 páginas plegadas de papel de amate (del náhuatl amatl), hechas de fibras vegetales. Originalmente debería haber tenido 20 páginas, pero sólo se conservan estas once. Fue hallado en 1965 por saqueadores en una cueva de Chiapas, junto a una máscara de mosaico y un cuchillo ceremonial.

El códice recibió su nombre por el Club Grolier de Nueva York, donde se presentó en 1971, y pasó a manos del coleccionista mexicano Josué Sáenz. Pintado de negro con escasos detalles rojos de hematita y el llamado “azul maya”, su objetivo era registrar los movimientos del planeta Venus, el segundo cuerpo celeste más brillante después del Sol y la Luna. Cada página muestra el perfil de una figura armada que sostiene a un cautivo atado con una cuerda.

Mayas: el Códice Grolier resulta ser auténtico

Ilustración del dios maya Kawil vestido como guerrero tolteca, con ornamentación nasal escalonada y plumas de quetzal. Gran parte del cautivo que sostiene se ha perdido.
© Michael Coe / Brown University

Reevaluación científica

En los años setenta, algunos expertos cuestionaron la autenticidad del códice por los cortes sospechosos en varias páginas y la ausencia de ciertos motivos típicos de la iconografía maya. Sin embargo, el arqueólogo estadounidense Michael Coe, profesor emérito de Harvard, y el epigrafista Stephen D. Houston de Brown defendieron su autenticidad.

El equipo de Brown realizó nuevas pruebas, publicadas en aproximadamente cincuenta páginas de la revista Maya Archaeology. Destacaron el análisis del pigmento “azul maya”, cuya composición sólo se descubrió en 1980, lo que imposibilita que los falsificadores de los años sesenta lo conocieran. Además, la datación por radiocarbono (^14C) sitúa su creación alrededor del 1230, confirmando que es el documento escrito más antiguo de América que sobrevivió a la destrucción de los conquistadores del siglo XVI, quienes lo consideraban brujería.

Contexto histórico de los códices mayas

Solo tres códices mayas completos han perdurado: el Códice de Dresde (siglo XIII), centrado en la astrología; el Códice de Madrid (Tro‑Cortesianus, 1250‑1450), dedicado a horóscopos y almanaques; y el Códice de París (Codex Peresianus). Fragmentos de otros códices hallados en Guatemala, Belice y Honduras siguen bajo estudio, a la espera de técnicas que permitan revelar su contenido.

Actualmente el Códice Grolier se conserva en los archivos del Museo Nacional de Antropología e Historia de México, donde podría pasar de los “objetos cuestionables” a una exposición pública.

Los mayas y la medición del tiempo

Para los mayas el tiempo se expresaba en múltiples ciclos (astronómicos, ceremoniales y dinásticos). La coincidencia entre estos ciclos era crucial, pues el paso de uno a otro se percibía como una ruptura peligrosa. Creían que cada creación era seguida por una destrucción y buscaban predecir eventos catastróficos para mantener el orden cíclico. El códice, por tanto, servía como herramienta para identificar y anticipar la repetición de calamidades.

El interés maya por los astros tenía, por tanto, un fin astrológico más que científico: la observación de Venus y otros cuerpos celestes les permitía elaborar pronósticos y tomar decisiones políticas y rituales.