Descubrimientos arqueológicos

Antiguo Egipto: Enterrar animales salvajes junto al rey como afirmación de su poder

El simbolismo de los animales salvajes y los barcos en las tumbas reales

Al igual que las escenas de caza o de victoria, la presencia de animales salvajes en las tumbas reales simboliza el poder del soberano, capaz de dominar el caos.

Antiguo Egipto: Enterrar animales salvajes junto al rey como afirmación de su poder

Escultura en forma de guepardo o león encontrada en la tumba del faraón Tutankamón, en el Valle de los Reyes, Tebas, Egipto.

Este artículo proviene del número 197 de la edición especial de Sciences et Avenir, abril‑mayo 2019.

Stan Hendrickx es arqueólogo en la Facultad de Medios, Arte y Diseño de Hasselt (Bélgica) y especialista en iconografía.

Sciences et Avenir: ¿Qué tipo de objetos se hallan en los enterramientos predinásticos?

Stan Hendrickx: Los objetos y sus representaciones han evolucionado con el tiempo. Entre 4000 y 3500 a.C., en el periodo conocido como Naqada I y el inicio de Naqada II, abundan los vasos de cerámica roja decorados con líneas blancas paralelas, los llamados “de cruz blanca”. Estas decoraciones son mayormente geométricas, imitando motivos de cestería; solo ocasionalmente aparecen escenas de caza o victoria, y siempre de forma marginal.

Alrededor de 3500 a.C. aparece una nueva cerámica de arcilla margosa, de tono grisáceo tras la cocción. Son los vasos que vemos en los museos: la parte superior lleva patrones pintados en negro‑púrpura. En ellos abundan representaciones de barcos, que se cree tenían un significado funerario.

¿Eran estos vasos creados exclusivamente como mobiliario funerario?

No. ¡Estos objetos se utilizaban en la vida cotidiana! Para nosotros, occidentales del siglo XXI, vida y muerte son conceptos muy distintos, pero en el antiguo Egipto no existía una separación estricta. Además, los conjuntos nunca muestran escenas funerarias; los dibujos que aparecen en algunos vasos son falsificaciones del siglo XIX y principios del XX añadidas a piezas auténticas. Un ejemplo famoso es la jarra expuesta en el British Museum de Harrogate, que supuestamente representa el funeral de un difunto a bordo de un barco.

Usted menciona la frecuente aparición de barcos en los objetos encontrados en las tumbas…

Desde la época predinástica el barco se convirtió en símbolo del paso al más‑allá, pues permite cruzar el reino de los muertos y navegar hacia una nueva vida. En toda la civilización egipcia, el rey fallecido viajaba por el cielo a bordo de un barco en compañía del dios Ra. Probablemente por este motivo, para el “viaje” del faraón Keops se enterró una réplica a gran escala junto a la Gran Pirámide de Guiza.

Los barcos también tenían una dimensión simbólica de poder político y militar. En un bajorrelieve nubio del final del cuarto milenio, descubierto en Gebel Sheikh Suleiman y exhibido en el museo de Jartum (Sudán), se observa una nave a la que está atado un prisionero; bajo la quilla yacen cuatro cuerpos desmembrados. Es una escena de victoria militar en la que el rey no aparece: la sola presencia del barco basta para encarnar el poder del vencedor.

¿Son, pues, esencialmente símbolos?

Exactamente. De la misma manera, la iconografía predinástica muestra escenas de caza sin cazador. Para los egipcios, el desierto representaba el caos. Representar la caza, enterrar animales salvajes… todo ello servía para afirmar el poder de una élite, y en última instancia del rey, capaz de dominar ese caos.

Por eso también hallamos representaciones de cocodrilos en frescos rupestres a 50 km del Nilo, acompañados de barcos. Tendemos a interpretar la iconografía como una “fotografía” de la realidad, pero los egipcios no buscaban reproducir lo cotidiano; no veían necesidad de representar lo que vivían a diario. Este mismo fenómeno ocurre en nuestra historia: la pintura del siglo XVII, aunque considerada realista, está llena de símbolos ocultos.