Un nuevo estudio de la Universidad de Binghamton (EE. UU.) refuta la famosa teoría del colapso demográfico en la Isla de Pascua (Rapa Nui). Según los datos arqueológicos y los cálculos bayesianos aproximados, la población creció de forma constante hasta la llegada de los europeos en 1722, y solo después mostró una leve disminución o estabilización.

El mito del ecocidio y la desaparición de los bosques
Durante décadas se ha sostenido que los rapanui talaron todos los árboles para la agricultura y la construcción de los moáis, y que la invasión de ratas provocó la desaparición del bosque subtropical. Esta narrativa, popularizada por Jared Diamond en Collapse, se ha usado como advertencia ante el calentamiento global.
Sequías prolongadas y el fenómeno ENSO
Investigaciones recientes basadas en análisis de polen y dataciones de carbono‑14 indican que, en la primera mitad del siglo XVII, la isla sufrió décadas de sequía vinculadas al fenómeno El Niño‑Oscilación del Sur (ENSO). Sin embargo, los rapanui no fueron responsables de la pérdida forestal y, al contrario, lograron adaptarse a esas condiciones climáticas adversas.
Metodología y hallazgos del estudio
Los investigadores compararon cuatro modelos demográficos (variando la influencia de la vegetación y el clima) con los datos empíricos obtenidos de 201 dataciones de C‑14. Todos los modelos coinciden en un crecimiento poblacional continuo hasta 1722, descartando un colapso demográfico previo.
Otras evidencias que refutan el colapso
Estudios anteriores mostraron que la dieta de los habitantes no cambió tras el período de sequía, lo que indica ausencia de crisis alimentaria. Además, la construcción de moáis continuó después del contacto europeo.
Catherine Orliac, directora de investigación del CNRS, señaló que "los rapanui, horticultores ingeniosos, supieron adaptarse brillantemente a los cambios climáticos provocados por ENSO". Los relatos de exploradores como James Cook o Jean‑François de Lapérouse describen técnicas agrícolas avanzadas: mantillo de paja para proteger el suelo, muros de piedra seca y surcos para captar el agua de lluvia.
¿Por qué persiste el mito?
El gran número y tamaño de los moáis llevó a sobreestimar la densidad poblacional. Además, como apunta Carl Lipo, investigador del equipo, se tiende a asumir automáticamente que un cambio climático implica catástrofe demográfica, sin considerar la capacidad de adaptación de las sociedades antiguas.