Los romanos construyeron, a lo largo de varios siglos, una vasta red de vías que conectaba todo su imperio. Parte de ese entramado ha sido descubierto bajo el agua, concretamente en la laguna de Venecia, gracias a un equipo de la Universidad de Venecia y el Instituto Italiano de Ciencias del Mar.
En la imagen de la izquierda se muestra la reconstrucción de la vía romana en el canal de Treporti; a la derecha, la zona tal como aparece hoy, sumergida bajo varios metros de agua.
Control romano más allá de la tierra
El dominio del Imperio no se limitó a los caminos terrestres. Para mantener el control sobre lagunas, marismas y deltas, los romanos extendieron sus rutas a los cauces navegables, adaptando la infraestructura a entornos acuáticos que hoy forman parte del paisaje veneciano.
Una vía construida con basolios
Utilizando sonar, los investigadores mapearon el lecho del canal de Treporti a menos de 6 m de profundidad. Detectaron una alineación de doce estructuras de forma regular, orientadas noreste‑sureste, que se extienden unos 1 140 m. Cada bloque alcanza hasta 2,7 m de altura y 52,7 m de longitud, y está compuesto por aglomerados de piedras conocidas como basolios, típicos del revestimiento superior de las calzadas romanas.
Piedras imbricadas halladas por buzos en el canal. Crédito: Squadra Sommozzatori della Polizia di Stato di Venezia
Otros hallazgos
En 2020 se descubrieron cuatro estructuras adicionales, de hasta 4 m de altura y 135 m de longitud. La mayor de ellas podría haber formado parte de un puerto o muelle, indicando la presencia de instalaciones portuarias romanas.
Los números del 1 al 12 señalan la alineación de los basolios; las letras a‑d identifican los cuatro bloques adicionales. Crédito: Federica Foglini
Este descubrimiento sugiere que la laguna de Venecia fue ocupada de forma permanente antes de la fundación de la ciudad histórica en el siglo V. La carretera sumergida podría ser uno de los últimos tramos de la vía que conectaba la antigua Altinum, una ciudad romana desaparecida, con el resto del imperio. La presencia de estas infraestructuras muestra la capacidad de los romanos para adaptar y gestionar entornos dinámicos y a menudo muy diferentes de los actuales.