Hábitats en la Edad de Piedra
Durante la Edad de Piedra, la mayor parte de la población se alojaba en cuevas, abrigos rocosos y otras formaciones naturales que brindaban protección contra el clima severo, los depredadores y otros peligros.
Algunas comunidades también construían refugios sencillos con materiales disponibles, como ramas, hojas y pieles de animales. Estas estructuras eran temporales y fáciles de desmontar, ya que la mayoría de los grupos eran nómadas y se desplazaban con frecuencia para seguir a sus fuentes de alimento y los cambios estacionales.
Asentamientos más permanentes
En determinadas regiones, los hallazgos arqueológicos indican la aparición de asentamientos más estables, sobre todo en las etapas finales de la Edad de Piedra. Allí se erigían chozas o viviendas construidas con madera, piedra u otros recursos locales, ofreciendo una mayor durabilidad.
En conjunto, los patrones de vivienda de la época estaban estrechamente ligados al estilo de vida nómada o seminómada, dependiendo en gran medida de refugios naturales y construcciones simples.