El hallazgo inesperado
En 1869, el aventurero José Melgar y Serrano se adentró en la selva, a unos ochenta kilómetros de la costa sur de México. Allí, entre la densa vegetación, escuchó rumores sobre unas gigantescas cabezas de piedra que estarían ocultas bajo el follaje.
Impulsado por la curiosidad, Melgar y Serrano siguió las pistas y, tras varios días de expedición, se topó con los famosos cabezas colosales olmecas. Estas enormes esculturas, talladas en basalto, son la evidencia más impresionante de la civilización olmeca, que dominó el sur de México entre aproximadamente 1150 y 500 a.C.
Importancia del descubrimiento
El hallazgo no solo reveló la existencia de una cultura avanzada y misteriosa, sino que también abrió la puerta a posteriores excavaciones en sitios como San Lorenzo y La Venta, donde se han encontrado más de veinte cabezas y numerosos artefactos que siguen fascinando a arqueólogos y al público.