Figuras Históricas

Oscar Troplowitz, el creador de la crema Nivea

Con la creación de la crema Nivea, Oscar Troplowitz consolidó el éxito mundial de la empresa hamburguesa Beiersdorf y se convirtió en un referente de la responsabilidad social empresarial.

Por Janine Kühl, NDR.de

De farmacéutico a magnate de la cosmética

Oscar Troplowitz nació el 18 de enero de 1863 en Gleiwitz, Alta Silesia, en una familia judía. Aunque en su juventud se interesó por la arquitectura y el arte, siguió el deseo de su padre y se formó como farmacéutico bajo la tutela de su tío Gustav Mankiewicz en Breslau, obteniendo el doctorado en farmacia en Heidelberg en 1888.

En 1890, con el apoyo económico de su tío, compró la pequeña fábrica de Paul Carl Beiersdorf en Altona, especializada en preparados dermoterapéuticos. Un año después se casó con Gertrud Mankiewicz, su prometida y también hija del tío.

Innovaciones que cambiaron la vida cotidiana

Troplowitz no se limitó a la producción de vendajes; rodeó su empresa de dermatólogos y químicos y fomentó la investigación. En 1901 nació el adhesivo médico Leukoplast, y en 1909 se lanzó el Labello, el icónico bálsamo labial. En 1911 llegó la Nivea Creme, fruto del descubrimiento del emulsionante "Eucerit" por el químico Isaak Lifschütz, que permitió mezclar aceite y agua y crear una crema blanca como la nieve (del latín nix, nivis).

Otros éxitos fueron la película adhesiva de caucho, precursora de la cinta Tesa, y el tubo giratorio del Labello. Sólo la pasta dental Pebeco resultó un fracaso.

Estrategia de marketing y expansión internacional

De 11 empleados en 1890, la compañía pasó a contar con cerca de 500 en 1918. En 1892 se trasladó a Hamburgo‑Eimsbüttel, donde modernizó la producción con maquinaria. Troplowitz apostó por la publicidad y estableció contactos internacionales; para 1914 los productos Beiersdorf se vendían en casi todo el mundo.

Un empleador adelantado a su tiempo

Con la intención de compartir el éxito, redujo la jornada laboral de 60 a 48 horas, introdujo vacaciones pagadas y creó una guardería para trabajadoras solteras, una de las primeras guarderías corporativas. Desde 1906, los empleados disponían de una caja de ahorros propia que ofrecía al menos un 1 % más de interés que los bancos públicos.

En 1912 se instauró el comedor gratuito y, poco después, un fondo de pensiones abierto a todos los trabajadores. Solo un empleado abandonó la empresa por falta de tareas, y Troplowitz lo volvió a contratar cuando la producción aumentó.

Patrón de las artes y coleccionista

En la última década de su vida, Troplowitz dedicó su fortuna a su pasión por el arte. Apoyó a jóvenes pintores de Hamburgo y coleccionó obras impresionistas alemanas y francesas, entre ellas piezas de Camille Corot, Auguste Renoir, Max Liebermann y Max Slevogt. En 1909 adquirió, a través de Gertrude Stein, el cuadro «El bebedor de absenta» de Picasso, que colgó sobre su escritorio.

Compromiso cívico y político

De 1904 a 1910, Troplowitz fue diputado liberal en el Parlamento de Hamburgo. Participó en comisiones de educación, construcción y finanzas, impulsó la creación de escuelas y la expansión de espacios verdes, incluida la fundación del parque municipal de la ciudad.

Motivaciones y legado

Según el historiador del museo judío Christian Walda, la labor filantrópica de Troplowitz se explica por la tradición judía de la zedaká (caridad), el ideal hanseático de promoción humanista y el deseo de integración de los judíos de la época.

Oscar Troplowitz falleció de un derrame cerebral el 27 de abril de 1918, a los 55 años. En Hamburgo‑Eimsbüttel lleva su nombre una calle y su tumba descansa en el cementerio de Ohlsdorf. Legó 18 pinturas a la Hamburger Kunsthalle, consolidándose como empresario, innovador y mecenas.