Hija de Enrique VIII y Ana Bolena, Isabel I reinó sobre Inglaterra e Irlanda entre 1558 y 1603. Sucedió a su hermanastra María y fue la última monarca de la dinastía Tudor. Apodada la "Reina Virgen", ha sido considerada la mayor reina de la historia inglesa y una de sus soberanas más emblemáticas. Su época, el Renacimiento isabelino, destaca por un florecimiento artístico y literario sin precedentes, la expansión del comercio y la creación de la Bolsa de Londres (1566) y de compañías mercantiles como la Compañía de las Indias Orientales.
Difícil acceso al trono
Nacida en 1533 en Greenwich, Isabel era hija de Ana Bolena, segunda esposa de Enrique VIII, quien fue ejecutada por orden del rey. La reputación escandalosa de su madre la persiguió durante toda su vida, lo que dificultó su posición en la línea sucesoria. Tras la muerte de Eduardo VI y el breve reinado de Juana Grey, el trono pasó a María I, hermana de Isabel. Durante el reinado de María, Isabel estuvo implicada en la conspiración de Wyatt (1554) y pasó unas semanas en la Torre de Londres.
Finalmente, el 15 de enero de 1559, fue coronada en Westminster. Su condición de hija ilegítima, el legado de su madre y los múltiples complots de 1547‑1558 hicieron que su legitimidad fuera cuestionada desde el inicio.
La cuestión religiosa
Aunque bajo María mostró una aparente adhesión al catolicismo (probablemente una fachada), Isabel estableció la Iglesia Anglicana. En 1559 aprobó el Acta de Uniformidad y el Acta de Supremacía, reforzados por los Treinta y Nueve Artículos de 1563, que obligaron a los obispos a jurar lealtad y la nombraron "gobernadora suprema" de la Iglesia.
El anglicanismo no fue aceptado por todos: los católicos, perseguidos tras la bula papal de 1570, y los puritanos protestantes, que exigían una reforma más radical, mantuvieron tensiones que, sin embargo, permitieron una transición religiosa relativamente pacífica.
Ejecución del poder
Isabel mantuvo a muchos consejeros de María, pero separó al clero del gobierno, creando un cuerpo secular. Su principal asesor, el experimentado secretario de Estado William Cecil, lideró el Consejo Privado que la asistía en la relación con el Parlamento.
El Parlamento se convocó menos que bajo sus predecesores, pero bajo mayor control real. Isabel supo usarlo para legitimar decisiones clave (como la reforma religiosa) y, cuando fue necesario, mostró autoridad firme, retrasando la aparición de un rival parlamentario hasta el final de su reinado.
El problema de María Estuardo
En el contexto de la fundación de la Iglesia Anglicana, la rivalidad con María Estuardo, reina de Escocia, se intensificó. Tras la abdicación de María en 1567 a favor de su hijo Jacobo VI, esta huyó a Inglaterra, donde Isabel la mantuvo bajo custodia.
Aunque recluida, María siguió siendo una amenaza católica. Tras varios complots, Isabel ordenó su ejecución en 1587.
Política internacional
El reinado de Isabel marcó el inicio del ascenso marítimo y colonial inglés, aunque tuvo que enfrentarse a la potencia española.
Su apoyo a los protestantes de los Países Bajos provocó tensiones con España, que se intensificaron por la situación en Irlanda y la ejecución de María Estuardo. La famosa Armada Invencible (1588) fue derrotada por la marina inglesa, pero la guerra agudizó la crisis financiera del Estado.
Al mismo tiempo, Inglaterra expandió sus rutas comerciales: Francis Drake, John Hawkins y otros navegantes exploraron América del Norte, África, Rusia y la India. En 1600 se fundó la Compañía de las Indias Orientales, y se estableció la colonia de Virginia, nombrada en honor a la "reina virgen" por Raleigh.
La "Reina Virgen"
El mito de la virginidad de Isabel, que ella misma fomentó, sigue vigente. Nunca se casó ni tuvo hijos; aunque se rumorea que mantuvo relaciones con Robert Dudley o Robert Devereux, rechazó alianzas matrimoniales con Felipe II, Iván el Terrible o el futuro rey Enrique III de Francia por razones políticas y religiosas.
Al no haber heredero directo, en 1601 se nombró a Jacobo VI de Escocia (descendiente de la hermana de Enrique VIII) como sucesor, quien se convertiría en Jacobo I de Inglaterra.
¿Una edad de oro?
La personalidad carismática de Isabel, su estilo de gobierno y su hábil propaganda la convirtieron en una figura casi mítica, viviendo en una época excepcional para Inglaterra.

No obstante, también recibió críticas por su carácter irascible, tendencias autoritarias y decisiones controvertidas, como el apoyo a los protestantes en los Países Bajos. Al morir en 1603 dejó a Inglaterra exhausta, con tensiones parlamentarias, guerras y una creciente soledad.
Aun así, el periodo isabelino fue una era de gran desarrollo artístico y cultural, encabezada por figuras como Shakespeare. La economía prosperó, aunque los gastos de guerra la tensaron al final del reinado. La sociedad experimentó cambios profundos: la agricultura se modernizó y el comercio marítimo fortaleció a la burguesía.
Con su muerte, la dinastía Tudor se extinguió y Jacobo VI de Escocia ascendió al trono como Jacobo I de Inglaterra. Más allá del mito de la "Reina Virgen", el reinado de Isabel I marcó la consolidación de la Iglesia Anglicana, la expansión marítima y el florecimiento cultural que siguen fascinando al mundo.
Bibliografía
M. Duchein, *Isabel I de Inglaterra*, Fayard, 1992.
J. Chastenet, *Isabel I*, Marabout, 1983.
L. Crété, *Los Tudor*, Flammarion, 2010.
Para profundizar
*The Virgin Queen*, película británica, DVD, 2011.