Historiador griego, Polibio, fue tomado como rehén por Roma y exiliado de su tierra natal. Sin embargo, se acercó a figuras como Pablo Emilio y Escipión Emiliano, y desarrolló una brillante carrera. Nos dejó textos fundamentales sobre el funcionamiento de la República y la guerra púnica, convirtiéndose en una fuente esencial para la historia romana. Murió tras una caída de su caballo a más de ochenta años, dejando una considerable obra escrita.
Polibio, rehén al servicio de Roma
Nacido en Arcadia alrededor del 200 a.C. (la fecha más aceptada es 203) en Megalópolis, Polibio provenía de una familia influyente. Su padre, Licórtas, lideraba la Confederación de los Aqueos, y Polibio participó en la guerra contra Antíoco III en la década de 180 a.C., luchando junto a los aliados griegos de Roma.
Debido a la actitud de los aqueos en la guerra contra Perseo (que culminó en Pidna en 168 a.C.), los romanos decidieron tomar como rehenes a varios notables en 167 a.C. Polibio fue uno de ellos y fue enviado a Roma, donde permaneció en exilio hasta 150 a.C. Allí ganó la simpatía de destacados personajes de la República, entre ellos Pablo Emilio, lo que le permitió obtener su libertad y quedarse en la capital.
Tras su liberación, el griego se relacionó estrechamente con sus antiguos captores. Asesoró a Pablo Emilio y, posteriormente, recibió comisiones del Senado. Entre 151 y 150 a.C. realizó misiones en Hispania, la Galia y los Alpes. En 146 a.C. viajó a Mauritania y Lusitania antes de regresar a Grecia. Tras el saqueo de Corinto y la disolución de la Confederación Aquea, negoció con las ciudades del Peloponeso. En 140 a.C. estuvo en Oriente (Egipto, Siria) y, de regreso al Occidente, presenció el saqueo de Numancia en 133 a.C.
Su cercanía a la élite romana le permitió acercarse al joven Escipión Emiliano, a quien se convirtió en mentor. Polibio acompañó a Escipión cuando este era tribuno militar, durante la revuelta de los celtíberos (150 a.C.). El joven escuchó sus consejos —Polibio era experto en póliorcética— y los aplicó contra el gran enemigo de Roma, Cartago. Así, junto a Escipión, participó en la destrucción de la ciudad cartaginesa en 146 a.C., que marcó el fin de las Guerras Púnicas.
Obra de Polibio
Al morir con más de ochenta años, edad venerable para la época, Polibio dejó una obra considerable, de la cual gran parte ha sobrevivido. No se limitó a cumplir misiones diplomáticas para el Senado ni a aconsejar al vencedor de Cartago; su posición le dio acceso a fuentes valiosas, como la biblioteca de Perseo, lo que enriqueció su labor como historiador.
Inicialmente escribió tratados militares, que Escipión Emiliano utilizó en Cartago y Numancia. Posteriormente redactó sus Historias, cuyo objetivo era explicar la supremacía de Roma, de la que fue testigo y, durante un tiempo, víctima. Según él, el poder romano se sustentaba en el ejército, pero también en su Constitución y en la fortuna. Polibio buscó desarrollar una historia pragmática, basada en hechos y con distancia crítica, lo que la convirtió en una fuente fundamental para comprender la política romana y la guerra púnica, aunque a veces se le percibe como “pro‑romano”.
Polibio es, por tanto, una referencia indispensable entre las fuentes antiguas y ha influido en historiadores posteriores como Livio, Diodoro, Apiano y Plutarco.
Lecturas recomendadas
- Polibio, Historias, Gallimard, 2003.