Figuras Históricas

Nicole Girard‑Mangin, la única médica francesa en el frente de la Primera Guerra Mundial

La doctora francesa Nicole Girard‑Mangin (1878‑1919) se ofreció como voluntaria para atender al frente durante la Primera Guerra Mundial. Por un error administrativo, fue movilizada y se convirtió en la única mujer médica francesa en el frente.

Un camino poco convencional

Nicole Girard‑Mangin, la única médica francesa en el frente de la Primera Guerra Mundial

Hija de comerciantes de clase media, nació en París el 11 de octubre de 1878 y pasó su infancia en Véry, Meuse, la tierra de sus padres. Inteligente y precoz, obtuvo su licenciatura en ciencias naturales a los 18 años y, contra todo estereotipo de la época, se matriculó en la carrera de medicina. En 1899 ingresó como externa a los hospitales de París.

Su trayectoria se interrumpe brevemente cuando se casa con el comerciante de vinos André Girard, con quien tiene un hijo, Etienne. Tras varios años de matrimonio y la infidelidad de André, la pareja se divorcia en 1903 y Nicole retoma sus estudios médicos gracias a la pensión alimenticia. Tres años después defiende su tesis sobre los “venenos del cáncer”.

Se especializa en tuberculosis, patologías pulmonares y cáncer. Su trabajo le permite representar a Francia en el Congreso Internacional de Viena junto al profesor Albert Robin. Además de publicar numerosos artículos, impulsa la creación de una clínica antituberculosa.

“Pedí la ayuda de un médico”

Al estallar la guerra, se presenta como "Doctora Girard‑Mangin". Al omitir su nombre de pila y confundir "Girard" con el nombre propio "Gérard", nadie sospecha que detrás del nombre hay una mujer. La escasez de médicos lleva al ejército a movilizarla.

Al llegar al centro de curación de Bourbonne‑les‑Bains, que se transforma en hospital militar, el jefe de servicio no le cree y está a punto de expulsarla. "Pedí el refuerzo de un médico auxiliar, no el de una empleada de tienda", le dice. Nicole muestra su convocatoria y sus diplomas y replica: "Lo siento, pero estoy asignada a su establecimiento y me siento perfectamente capacitada para cumplir con mis deberes".

Aunque al principio se muestra reacia, pronto demuestra su valía en Bourbonne‑les‑Bains y es trasladada al sector de Verdún para atender a pacientes con tifus. En una carta a su familia escribe: "Al principio me recibieron con dudas, pero después de un tiempo me aceptaron; demostraron que era capaz".

La única médica en el frente

Nicole Girard‑Mangin, la única médica francesa en el frente de la Primera Guerra Mundial

El ejército francés no contaba con uniformes para médicas; Nicole propuso crear uno al estilo británico. En una carta explica: "Quizá dentro de unos años, tras la victoria, miraré con una sonrisa mi singular atuendo. Fue injusto y ridículo no contar con un uniforme, pero mi gorra la gané por mantener el peinado aunque durmiera en camillas, por soportar horas en asientos estrechos sin molestar al conductor, por llevar en mis múltiples bolsillos lo esencial: cuchillo, vaso, peine, cuerda, encendedor, lámpara eléctrica, azúcar y chocolate. Y, sobre todo, por mi caduceo y mis brazaletes, que a veces me dieron autoridad ante la ignorancia".

En Verdún, Nicole multiplica sus tareas más allá de la atención de heridos y enfermos. Cuando, el 21 de febrero de 1916, la lluvia de proyectiles obliga a la evacuación, se niega a abandonar a los pacientes. Toma el volante de una ambulancia, lidera el convoy bajo fuego y, pese a una astilla que le hiere la mejilla, sigue evacuando. Tras cruzar la línea del frente, opera a los heridos y brinda primeros auxilios directamente en el campo de batalla.

Reconocida como heroína, es enviada al Somme, a una unidad de tratamiento de tuberculosis en el hospital de Moulle (Pas‑de‑Calais), y luego a Ypres, Bélgica. Su eficiencia le vale, en diciembre de 1916, el ascenso a oficial médico. Ese mismo año asume la dirección del hospital‑escuela Edith Cavell en París, con el rango de capitana‑doctora, y continúa su labor hasta el final del conflicto.

Después de la guerra

Al término de la contienda, mantiene su puesto en el hospital‑escuela Edith Cavell. Comprometida con el feminismo, se integra a la Unión de Mujeres Francesas y ofrece conferencias sobre la participación femenina en la guerra. Asiste a reuniones de la Cruz Roja enfocadas en la lucha contra la tuberculosis y colabora en la fundación de la Liga Nacional contra el Cáncer.

En junio de 1919, a los 41 años, es encontrada muerta en su domicilio por una sobredosis de fármacos. Las hipótesis varían entre el agotamiento y la depresión, o un posible suicidio tras descubrir un cáncer incurable. Fue enterrada en el cementerio de Père‑Lachaise, sin haber recibido ninguna condecoración por su valiosa labor.