Figuras Históricas

Rose Lokissim: testigo y soldado de élite

Rose Lokissim (1953‑1986), soldado de élite chadiana, se opuso a Hissène Habré y a su policía política en la década de 1980. Arrestada, dejó numerosos testimonios sobre los crímenes de la época.

El ascenso de Hissène Habré al poder

Los rastros de la vida de Rose Lokissim son escasos. Lo que sí quedó son valiosos testimonios escritos en papeles, cartón de embalaje, paquetes de detergente, papel de cigarrillo… cualquier soporte disponible. Con ellos se puede reconstruir, más allá de su propia historia, el destino de cientos de presos políticos.

Rose nació en Chad en 1953, cuando el país formaba parte de la África Ecuatorial Francesa. Chad obtuvo su independencia en agosto de 1960 y, durante las décadas siguientes, vivió una profunda inestabilidad política y varias guerras. En 1982, Hissène Habré derrocó al jefe de Estado Goukouni Oueddei y se autoproclamó presidente. Implantó un régimen autoritario, abolió el cargo de primer ministro y ejecutó a sus opositores. Creó la Dirección de Documentación y Seguridad (DDS), una policía política responsable de miles de secuestros y asesinatos.

Rose Lokissim: testigo y soldado de élite

La celda C

Rose fue una de las primeras mujeres en incorporarse a las fuerzas de élite de Chad. Cuando Habré tomó el poder, la joven de 29 años se unió de inmediato a la oposición. “Nunca me someteré a este régimen”, declaraba, “nunca lo aceptaré”. Fue arrestada en septiembre de 1984 y recluida en la prisión “Locals”, en la temida celda C, apodada “la celda de la muerte”. En ese espacio insalubre, sin ventanas y superpoblado, donde era la única mujer entre sesenta hombres, la muerte se cobraba a diario.

En la celda, Rose sufrió torturas y maltratos junto a otros presos políticos. Cuando la trasladaron a una celda femenina, sus compañeras describieron que llegó cubierta de piojos y con el pelo enmarañado. Temiendo una fuga, los guardias la devolvieron a la celda de hombres. A pesar del horror cotidiano, Rose trató de animar a sus compañeros. Sus palabras resonaban: «Aguanten, que saldremos de esta prisión; somos nosotros los que cambiarán el rumbo de las cosas». La describían como fuerte, decidida y valiente.

«Es irrecuperable»

Desde la celda, Rose siguió resistiendo pese al riesgo de muerte. Cada día anotaba todo lo que veía y vivía, con la intención de transmitir la información a través de cartas clandestinas y sus propias notas. Escribía en cualquier medio disponible: nombres de presos, torturas, castigos, ejecuciones.

Sus testimonios, que entregaba a las familias de los detenidos, la convirtieron en objetivo de la DDS. En 1986 la buscaron, la interrogaron y la torturaron. En el informe de su última entrevista se leía: «Durante dos años de detención, la persona no cambió su discurso, al contrario, se glorificó. Es irrecuperable y sigue minando la seguridad del Estado aun en prisión».

Rose Lokissim fue ejecutada en mayo de 1986, el mismo día de su último interrogatorio. Sus verdugos anotaron: «Afirmó que, aunque muera en la mazmorra, no se arrepiente porque Chad le agradecerá y la historia hablará de ella». Hissène Habré, sospechoso de haber causado la muerte de cerca de 40 000 personas, fue depuesto en 1992 y, en 2017, condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y torturas.