Infancia y primeros años
Nicolás Ayllón nació en 1632 en la reducción de indígenas de Chiclayo, hijo de Rodrigo Puyzón y Francisca Xailón, ambos de origen indio. Desde muy pequeño mostró una inteligencia notable y una profunda devoción, lo que le llevó a servir como acólito en la iglesia franciscana de la localidad.
Formación y vida religiosa
A los ocho años el sacerdote Juan de Ayllón lo tomó bajo su protección, acompañándolo a Saña y posteriormente a Lima. Cuando su protector enfermó gravemente, Nicolás le cuidó fielmente hasta su fallecimiento, adoptó su apellido y se dedicó al aprendizaje del sastrería, alcanzando el rango de oficial y, más tarde, de maestro.
Obra social y caridad
Paralelamente, se volcó en la ayuda a los pobres y en la visita a los enfermos del Hospital Santa Ana. Contrajo matrimonio y, junto a su esposa, fundó un retiro para jóvenes necesitadas en el distrito de Jesús María. En la iglesia de San Juan de Dios estableció la llamada “Escuela de Cristo” y actuó como mediador para evitar abusos contra indígenas y esclavos, razón por la cual se le considera patrón de los indios.
Fama y milagros atribuidos
Su incansable labor generó la creencia popular de que poseía el don de la ubiquidad y, según la tradición, incluso predijo su propia muerte.
Fallecimiento y proceso de beatificación
Murió en Lima en 1677, rodeado del olor de santidad; su entierro contó con la presencia de las autoridades más altas de la ciudad. Casi de inmediato se inició un proceso para reconocer su vida virtuosa y buscar su beatificación. En 1684, el jesuita Bernardo Sartolo publicó Vida admirable y muerte prodigiosa de Nicolás Ayllón, y con más gloriosa fama, Nicolás de Dios. Sin embargo, la obra coincidió con las declaraciones de la beata Ángela Carranza ante la Inquisición, quienes la relacionaron con “visiones” de Ayllón, lo que llevó a la condena del libro por parte de los inquisidores.