Nicolás de Piérola Villena (1839 – 1913) fue Presidente de la República en dos periodos: 1879‑1881 y 1895‑1899. Hijo de Nicolás Fernández de Piérola y Teresa Villena y Pérez, nació el 5 de enero de 1839. Estudió en el seminario conciliar de Santo Toribio de Mogrovejo en Lima con la intención de seguir una carrera eclesiástica (1853‑1860) y, antes de terminar sus estudios, llegó a dictar la materia de Filosofía. Abandonó la vocación sacerdotal y se dedicó al comercio y al periodismo; dirigió El Progreso Católico (1860‑1861) y editó El Tiempo (1864‑1865). En 1861 contrajo matrimonio con su prima primera, Jesús de Itúbide y Villena, y tuvo siete hijos: Pedro José Nicolás, Eva María, Raquel, Isaías, Luis Benjamín, Amadeo y Victoria.
Inicios de la carrera política de Nicolás de Piérola
A los 30 años, durante el gobierno del coronel José Balta, Piérola fue nombrado Ministro de Hacienda, gracias a la recomendación del ex presidente José Rufino Echenique. En el cargo (1859‑1871) tuvo que enfrentar la crisis económica provocada por la caída de las exportaciones de guano a Europa, lo que generó un fuerte déficit presupuestario. Se decidió otorgar el monopolio de la venta del guano a la Casa Dreyfus de París, firmándose el contrato el 5 de julio de 1869, que comprendía 2 millones de toneladas por un valor de 73 millones de soles. Ese ingreso permitió al gobierno de Balta lanzar una política de obras públicas millonaria, sobre todo la construcción de ferrocarriles. Al concluir el mandato, el Congreso lo acusó de irregularidades en su gestión; fue absuelto el 21 de noviembre de 1872, aunque continuó defendiendo su gestión en publicaciones como La Patria.
Golpes de Estado encabezados por Piérola
Después de un viaje a Francia, al regresar en octubre de 1874 partió del puerto chileno de Quinteros a bordo del Talisman para iniciar una revolución contra el gobierno de Manuel Pardo. Nombrado Jefe Supremo Provisional, desembarcó primero en Pacasmayo y luego en Ilo, intentando avanzar por Moquegua, pero fue derrotado definitivamente en Arequipa. Buscó refugio en Bolivia y luego en Chile, donde sus seguidores capturaron el monitor Huáscar y abordaron a Piérola en Cobija; desafiaron la orden del almirante inglés A. M. Horsey y la fragata Shah fue vencida por el Pacocha. Piérola siguió protestando contra la injerencia inglesa y aceptó una capitulación honorable en Iquique el 31 de mayo de 1877.
Derrocamiento de Manuel Prado
Tras pasar por Callao, realizó un nuevo viaje a Europa, cruzando Valparaíso. Regresó a Chile en marzo de 1879, cuando la disputa con Bolivia alcanzaba su punto álgido y la mediación peruana fracasó. Al volver al país con el diplomático José Antonio de Lavalle, se opuso al gobierno de Mariano I. Prado; cuando éste viajó a Europa a conseguir armas para la guerra, Piérola lanzó una revolución que derrocó a Prado y a Luis La Puerta en diciembre de 1879. Proclamado Jefe Supremo, buscó créditos con Dreyfus y centró su política en la defensa nacional. Envió plenipotenciarios a las fallidas negociaciones en el Lackawanna y organizó la defensa de Lima. Tras las derrotas de San Juan y Miraflores (enero de 1881) se refugió en Ayacucho, donde una asamblea lo investió presidente. Posteriores pronunciamientos en Arequipa, Cajamarca y Chosica lo obligaron a renunciar.
Revolución cívico‑democrática
En febrero de 1882 fundó el Partido Democrático en Lima y se trasladó a Europa. Al regresar, después del Tratado de Ancón, mantuvo una postura neutral frente al gobierno del general Miguel Iglesias (1883‑1886). Fue juzgado por sus actos durante la guerra en junio de 1890, pero el proceso se archivó; sin embargo, quedó encarcelado por su conducta turbulenta. Escapó, embarcó a Panamá y apareció en Valparaíso. Tras la muerte del presidente Remigio Morales Bermúdez (abril de 1894) y antes de la victoria electoral de Andrés A. Cáceres (1895), apoyó la revolución cívico‑democrática que derrocó a Iglesias y asumió la presidencia de una junta provisional.
Obras de Nicolás de Piérola como Presidente del Perú
En noviembre de 1895 fue elegido presidente. Con una popularidad sin precedentes, inició una gestión ordenada y conciliadora. Su principal objetivo era reactivar la economía nacional; creó la Asociación de Recaudación de Impuestos, estableció la libra peruana de oro equiparándola a la libra esterlina y moralizó la administración pública. Impulsó la iniciativa privada y buscó elevar el nivel de vida de los peruanos. En la Amazonía, empezó la carretera Tarma‑Chanchamayo, exploró el Gran Pajonal, colonizó los valles de Pichis y San Luis de Shuaro y abrió la navegación comercial por los ríos Talambo, Ucayali y Urubamba. En el plano internacional mantuvo una política cordial con varios países, aunque la disputa con Chile se agravó porque no se pudo realizar el plebiscito de Tacna y Arica, a causa de la política de “chilenización” de esos territorios, pese al protocolo Billinghurst‑La Torre que pretendía sentar las bases de una consulta popular. En defensa nacional creó la Escuela Militar de Chorrillos bajo la asesoría de una misión francesa encabezada por el coronel Pablo Clement y promulgó la Ley del Servicio Militar Obligatorio. Otros logros fueron la represión de la rebelión separatista de Loreto liderada por el coronel Mariano Madueño; la fundación de los bancos Perú y Londres, Internacional del Perú y Popular del Perú; la creación de la Compañía de Seguros Rímac y la International Insurance Company; la llegada del fonógrafo, el cinematógrafo, los rayos X, el automóvil y la litografía fotomecánica; la creación del Ministerio de Obras Públicas, la inauguración del Paseo Colón y la ampliación de la avenida La Colmena, hoy llamada Nicolás de Piérola. Al concluir su mandato, siguió al frente del Partido Democrático y dirigió la empresa constructora La Colmena (1899‑1909).
Fallecimiento de Nicolás de Piérola
Pasó sus últimos años alejado de la política, rodeado de familia y amigos en un entorno tranquilo. Afectado por una grave enfermedad, recibió asistencia espiritual y, la noche antes de morir, asistió a misa en su domicilio de la Calle del Milagro. Falleció a las 21:26 h del lunes 23 de junio de 1913. El país entró en luto nacional; su cuerpo fue velado con honores presidenciales, envuelto con la bandera nacional, y enterrado inicialmente en la capilla del Sagrario de la catedral, para posteriormente ser trasladado al cementerio general.