A mediados del siglo XIX la inspiración artística se aleja del arte figurativo, los temas clásicos y el academicismo. Los paisajes de Degas, Monet y Renoir inauguran el impresionismo, y la influencia decisiva de Paul Cézanne marca la pintura del comienzo del siglo XX. Todos los artistas lo citan, pero lejos de imitarlo innovan con rapidez, dando paso a corrientes como el fauvismo y el cubismo.
Antes de 1914: el Fauvismo
El fauvismo es considerada la primera revolución artística del siglo XX. Surge a principios de 1900 y se consolida alrededor de Henri Matisse, André Derain, Maurice de Vlaminck y Albert Marquet. Su carácter innovador se basa en abandonar la representación visible para evocar subjetivamente los temas mediante el uso de color puro.
En sus inicios, Matisse se vio influenciado por Gauguin, Cézanne y Toulouse‑Lautrec. Su estilo se afirma en 1905: el dibujo se vuelve conciso, la perspectiva se abandona y el color aparece con violencia y expresividad. Crea la gran obra La Joie de vivre, donde delimita la pintura con trazos gruesos. Durante la Primera Guerra Mundial, en Marruecos, experimenta con una estética cercana al cubismo, como muestra Les Marocains (1916).
Cubismo, de Braque a Picasso
Al igual que los fauvistas, los cubistas ya no buscan una representación verosímil de la realidad. La interpretan mediante la fragmentación de formas según sus emociones. Sus obras, construidas con rigor y a menudo apoyadas en la matemática, parecen el resultado de una intelectualización, a diferencia del impulso espontáneo de los fauvistas. Las figuras se descomponen en planos geométricos angulares, cubos, y la paleta se reduce a tonos apagados (azul, gris, marrón o beige). Los géneros predominantes son el retrato y la naturaleza muerta.
El origen del cubismo se encuentra en el francés Georges Braque y el español Pablo Picasso, residente en París desde 1904. Guillaume Apollinaire los defiende y acuña el término “cubismo” en 1911. Después de sus periodos azul (1901‑1904) y rosa (1905‑1906), Picasso crea Les Demoiselles d’Avignon (1906‑1907), verdadero manifiesto que, inspirado en el arte primitivo, purifica y esquematiza las formas antes de pasar a una geometrización pura. Braque, procedente del fauvismo, funda el cubismo analítico (1910‑1912) descomponiendo los objetos para mostrar sus distintas facetas.
Impulsados por descubrimientos científicos como el átomo, Picasso y Braque elaboran los primeros collages cubistas en 1912 y dan paso al cubismo sintético (1912‑1925), donde planos, formas y colores se sintetizan para unificar el espacio. Este nuevo enfoque inspira a Juan Gris, pintor español de la Escuela de París.
El nacimiento de la abstracción
Los pintores de inicios del siglo XX allanan el camino hacia la abstracción al alejarse cada vez más de la representación realista. Mientras los cubistas conceptualizan la realidad, los abstractos la abandonan por completo, creando obras antípodas del arte figurativo. El primer acuarela abstracta es Caoutchouc (1909) del francés Francis Picabia. En paralelo, el ruso Wassily Kandinsky lleva la pintura a un ejercicio puramente plástico.
Ya en 1911, Robert y Sonia Delaunay expresan sus emociones mediante colores brillantes que forman discos entrelazados; Sonia ilustra La Prose du Transsibérien et de la petite Jehanne de France de Blaise Cendrars (c. 1913). Otros artistas extranjeros radicados en París, como el checo František Kupka con sus Planos verticales (1912‑1913) y el neerlandés Piet Mondrian, también contribuyen a esta evolución. Entre 1931 y 1936, el grupo Abstraction‑Création defiende y promueve el arte abstracto no figurativo.
Para profundizar
Cubismo, una revolución estética: su nacimiento e influencia, Serge Fauchereau. Flammarion, 2012.
Cubismo: 1907‑1917. Editions Beaux‑Arts, 2018.
Historia de la pintura abstracta, Jean‑Luc Daval. Hazan, 1998.