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El retrato de cuerpo entero de Luis XIV de Hyacinthe Rigaud (1701)

El retrato de cuerpo entero de Luis XIV de Hyacinthe Rigaud (1701) Pintado por Hyacinthe Rigaud, el retrato de cuerpo entero de Luis XIV, de 63 años, es probablemente una de las imágenes más conocidas del Rey Sol. Con una altura de casi tres metros y dos de ancho, esta obra se ha reproducido innumerables veces en libros de historia. Rigaud (1659‑1743) quiso resaltar el poder y la función del monarca, a diferencia de otros retratistas de la época que se centraban en el carácter personal del sujeto.

Rigaud, pintor de la corte del Rey Sol

Nacido en Perpignan, Hyacinthe Rigaud estudió en la Real Academia de Pintura y Escultura y se dedicó a los retratos a partir de 1681. Su especialidad eran los rostros, que lograba reproducir con una asombrosa precisión. Apreciado por los grandes de la corte, pintó al rey en armadura por primera vez en 1695 y, tras ser admitido en la Academia, en 1701 creó este retrato de cuerpo entero con el traje de coronación, que se convertiría en su composición más famosa.

Composición y simbolismo

El rey ocupa el centro del lienzo, situado sobre una plataforma que lo eleva aún más. No está sentado en su trono; su postura, casi moderna, domina casi toda la superficie de la pintura. La luz recae sobre él, y a pesar de sus sesenta y tres años, su pierna izquierda se adelanta ligeramente, como si estuviera a punto de iniciar un paso de baile. Sólo al observar detenidamente aparecen los detalles que completan la escena.

Todo en el cuadro está cargado de significado: a la derecha del monarca, una columna de mármol simboliza el poder y la solidez; a sus pies, la diosa griega Temis sostiene una balanza y una espada, recordando que el rey es árbitro de la justicia. En el fondo, el trono, símbolo de autoridad, se encuentra detrás de una cortina púrpura —color de la majestad— y bajo un dosel que actúa como un marco.

Los objetos de coronación también poseen un valor simbólico: la espada de Carlomagno, conocida como “la Joyosa”, representa la protección del fiel (poder militar); el cetro dorado indica la autoridad divina para guiar a los súbditos; la corona recuerda la lealtad del pueblo; la mano de justicia de Carlos V alude al poder judicial del rey; el fleur‑de‑lis, con sus tres pétalos, alude a la Trinidad; el collar y la cruz del Espíritu Santo son símbolos de una política sabia y reflexiva; y la capa de coronación, una vez puesta sobre los hombros, eleva al hombre a la condición de ser supremo.

El retrato no llegó a España

Inicialmente, el cuadro fue encargado por el propio Luis XIV, amante sensible del arte, con la intención de regalárselo a su nieto, el nuevo rey de España Felipe V. Sin embargo, el retrato resultó tan exitoso que el monarca decidió conservarlo y solo enviar una copia al futuro soberano español.

La obra se exhibió en la Salle du Trône y el periódico Mercure Galant la describió en 1702: “El retrato del Rey se mostró en el Gran Apartamento de Versalles, con el hábito real. Nunca se había pintado un retrato tan semejante y tan bien ejecutado. Toda la corte lo contempló y lo elogió. Una obra debe ser extremadamente bella y perfecta para recibir aplausos generales en un lugar donde predomina el buen gusto”. Copias del cuadro se enviaron a embajadas, pero la pieza original permaneció en la colección real hasta 1793, cuando pasó al Museo del Louvre.

Con este retrato y su técnica, Rigaud introduce sutilmente la sensualidad del siglo XVIII, jugando con la luz y la riqueza de los colores.

Luis XIV, por Rigaud. Museo del Louvre.

Hyacinthe Rigaud: 1659‑1743, el hombre y su arte, por Ariane James‑Sarazin. Ediciones Faton, 2016.

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