La Batalla de Manzikert (1071) enfrentó al ejército bizantino del emperador romano IV con los turcos selyúcidas comandados por Alp Arslan. Tras la victoria, los selyúcidas se apoderaron de casi toda Asia Menor. El avance turco en Oriente fue uno de los motivos invocados para justificar la Primera Cruzada. Inicialmente esclavos en los ejércitos abasíes, los turcos adquirieron importancia política en el siglo X y, con el título de sultán concedido por el califa, fundaron principados que extendieron su influencia a Siria y Anatolia. Los selyúcidas, que en el siglo XI consolidaron su dominio y amenazaron al Imperio bizantino, fueron los protagonistas de la batalla de Manzikert. ¿Cuáles fueron sus consecuencias?
¿Los selyúcidas, maestros del Oriente musulmán?
Hasta el siglo XI los turcos eran esclavos militares (mameles) del Islam. Desde el siglo IX integraron la Guardia del Califato y sus mujeres formaron parte de los harenes de Bagdad. Con el tiempo, diferentes pueblos nómadas turcos se asentaron en el Oriente musulmán, sirvieron al califa y se islamizaron. El califato abasí, debilitado en el siglo X y bajo la tutela de los chiíes bujíes, facilitó la inserción de los turcos, algunos de los cuales alcanzaron altos cargos militares y administrativos, incluso con el título de visir.
Entre los pueblos turcos que cobraron protagonismo en el siglo XI destacan los oġuz, liderados por Seljuk, de quien la dinastía toma su nombre. En la década de 1030 debilitaron a los gaznávidas y bujíes en Oriente y, en 1055, se impusieron como protectores del califa abasí al‑Qâʾim, cuando su sultán Tughrîl Beg (o Tuğrul Bey) entró en Bagdad, expulsando a los bujíes de la capital.
El sucesor de Tuğrul, Alp Arslan (sultán desde 1063), eliminó a sus rivales y avanzó hacia el oeste, hasta Anatolia, amenazando también a Siria y al califato chiíta de los fatimíes de El Cairo. En la víspera de Manzikert, los selyúcidas estaban en pleno auge expansionista.
Un Imperio bizantino debilitado
El siglo XI supuso para Bizancio el retorno de intensas divisiones internas. Tras la muerte sin heredero de Basilio II en 1025, comenzó la lucha por establecer una nueva dinastía que sustituyera a los macedonios. Tras Constantino VIII, fueron las hijas de Basilio quienes influyeron en la sucesión, generando una inestabilidad que duró medio siglo, a pesar del relativamente largo reinado de Constantino IX Monómaco (1042‑1055). La pugna enfrentó a grandes facciones aristocráticas: los macedonios, los diágenes y, en Constantinopla, los comnenos.
Isaac Comneno logró imponerse en 1057 con el apoyo del patriarca Miguel Cerulario, pero fue depuesto dos años después por Constantino X Doukas. El nuevo emperador heredó un imperio acosado por pechenegos, normandos y, cada vez más, por los turcos. Tras la muerte de Constantino X en 1067, su esposa Eudoxia actuó como regente junto a su hijo Miguel VII Doukas, pero pronto se casó con Rómulo Diogenes, quien detentó el poder de facto. El emperador romano IV Diogenes intentó afianzar su legitimidad lanzando campañas contra los enemigos externos, entre ellos los selyúcidas, lo que condujo a la batalla de Manzikert.
¿Una catástrofe anunciada?
Las incursiones turcas en Anatolia comenzaron ya en la década de 1050. En 1054 Tuğrul Bey fue detenido frente a la fortaleza de Manzikert por Basilio Apokapes y una guarnición de mercenarios francos.
Cuando Romano IV Diogenes accedió al trono, los selyúcidas dirigieron su atención al rival califato fatimí. Alp Arslan atacó Alepo, pero firmó una tregua con los bizantinos y, en enero de 1071, tomó la fortaleza de Manzikert. Los bizantinos aprovecharon la pausa para entrenar y equipar a su ejército (aprox. 70 000 hombres) y preparar la ofensiva.
Tras cruzar el Bósforo en marzo de 1071, el basileus dividió su ejército, enviando a su mejor contingente bajo el estratega José Tarchaniote al norte para reforzar al mercenario normando Roussel de Bailleul. Algunas fuentes narran una derrota por un ataque sorpresa de Alp Arslan; otras hablan de una traición del propio estratega y del normando, posiblemente bajo la influencia de los doukas, partidarios del joven Miguel VII.
El ejército bizantino fue acosado por arqueros selyúcidas, incluso de noche. El sultán, dudando de la conveniencia de una batalla campal, intentó negociar sin éxito. El emperador necesitaba una victoria para frenar la amenaza turca y legitimar su poder.
El 26 de agosto de 1071, el basileus dispuso a sus tropas (más de 50 000 hombres) en una larga línea con la caballería en los flancos. A su alrededor estaban generales como Nicéforo Bryennios y Andronico Doukas, sobrino de Constantino X, quien mostraba abierto desprecio.
Los selyúcidas, unos 30 000 combatientes mayoritariamente a caballo, dejaron que el ejército griego avanzara y adoptaron una formación en media luna, lanzando una lluvia de flechas contra los flancos bizantinos.
Al ver que Alp Arslan rehusaba el combate frontal, el emperador intentó retroceder al anochecer; en ese momento el sultán lanzó su ataque. Los relatos difieren: ¿fue traición de Andronico Doukas o una emboscada durante la retirada? Sea cual sea la causa, el ejército bizantino quedó totalmente desorganizado. Sólo la izquierda de Nicéforo Bryennios mantuvo la resistencia, apoyando al centro y a Romano IV, evitando una derrota aún mayor. El basileus resultó herido, perdió su caballo y tuvo que rendirse.
Consecuencias de la derrota
La captura del emperador supuso una humillación sin precedentes para Bizancio. Aun así, Alp Arslan trató bien a su prisionero y aceptó un rescate económico.
Romano IV regresó a Constantinopla, pero no como vencedor. Fue recibido por los partidarios de Miguel VII Doukas, que buscaban afianzar su derecho al trono. El emperador derrotado fue encarcelado, le sacaron los ojos y lo recluyeron en un monasterio, donde murió poco después; su esposa, madre de Miguel VII, fue exiliada.
La muerte de Romano IV no resolvió los problemas del imperio: la inestabilidad política y la crisis económica continuaron, y la expansión turca en Armenia y Anatolia se consolidó en los años siguientes. Sólo la llegada de Alejo I Comneno en 1081 logró frenar temporalmente el avance.
Para los selyúcidas, la victoria en Manzikert fue solo una etapa. Alp Arslan siguió centrado en la guerra contra los fatimíes, pero fue asesinado en Transoxiana. Le sucedió su hijo Malik Shah, que extendió el dominio selyúcida a Irak, La Meca, Yemen, Damasco, Alepo y Bagdad entre 1072 y 1087, mientras los turcomanos se asentaban en Anatolia.
La muerte de Malik Shah en 1092 marcó el fin de la expansión selyúcida. Las disputas sucesorias, el poder de los emires locales, la presencia fatimí y el renacer bizantino bajo Alejo I generaron una nueva fragmentación del Cercano Oriente, justo antes de la convocatoria de la Primera Cruzada por Urbano II en 1095.
¿Pretexto para la Cruzada?
Entre los argumentos que el Papa Urbano II utilizó para lanzar la Primera Cruzada (27 de noviembre de 1095) destaca la amenaza turca, simbolizada por la derrota de Manzikert. En Occidente circulaban relatos que presentaban a los turcos como un obstáculo para la peregrinación a Jerusalén y como perseguidores de cristianos, comparándolos con los fatimíes que habían incendiado el Santo Sepulcro.
No obstante, la conquista selyúcida había estabilizado la región durante un tiempo y, según algunas fuentes, incluso garantizó derechos a las minorías cristianas. Sin embargo, la imagen de Manzikert quedó arraigada como símbolo del peligro islámico, alimentando la narrativa cruzada que presentaba a los turcos como los principales infieles a derrotar.
Así, la Batalla de Manzikert constituye una fecha clave en varios ámbitos: para Bizancio, para el mundo islámico y turco, y para Occidente, donde se la cita como una de las causas (aunque debatidas) de la Primera Cruzada.
Bibliografía no exhaustiva
- J.J. Norwich, History of Byzantium (330‑1453), Perrin, 1999.
- J.-C. Cheynet, Byzantium, the Eastern Roman Empire, A. Colin, 2006.
- C. Picard, The Muslim world from the 11th to the 15th century, A. Colin, 2001.
- P. Jansen, A. Nef, C. Picard, The Mediterranean between Islamic countries and the Latin world (mid‑10th to mid‑13th centuries), Sedes, 2000.