La Batalla de Las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio de 1212, supuso un punto de inflexión decisivo para la Reconquista del sur de la península ibérica. Tras la primera fase, que culminó con la conquista de Toledo en 1085, la expansión cristiana se detuvo frente a la contraofensiva almohade, heredera de los almorávides. Sólo a mediados del siglo XII los reinos cristianos retomaron la marcha, pero ahora se enfrentaron a una nueva dinastía bereber: los almohades. Su derrota en Las Navas abrió el camino a los reyes cristianos y provocó la fragmentación del imperio almohade en pequeños reinos de taifas.
Los almohades antes de Las Navas de Tolosa
Los almohades sucedieron a los almorávides en el Magreb y en Al‑Ándalus, compartiendo origen y motivaciones, pero con una ideología política y religiosa propia. Basada en la figura del mahdi Ibn Tûmart, proclamaron el califato y aspiraron a una expansión universal, lo que los puso en conflicto con el sunismo malikí y dificultó la movilización de la población andalusí.
En Al‑Ándalus, los almohades impusieron su dominio ocupando Córdoba en 1148, Granada en 1154 y reconquistando Almería en 1157. Intentaron, al igual que los almorávides, instaurar una ideología de yihad que se manifestó en la victoria de Alarcos (1195). Sin embargo, esas victorias ocultaban problemas estructurales, sobre todo la creciente unidad de los reinos cristianos, que acabaría provocando la derrota de Las Navas.
Los reinos cristianos se unen bajo Aragón y Castilla
Desde la toma de Toledo en 1085 se intentó una mayor cohesión entre los reinos cristianos. Los matrimonios dinásticos —como el de Urraca con Alfonso I de Aragón— y las rivalidades sucesorias, sin embargo, provocaron guerras civiles que retrasaron la unidad. La muerte de Alfonso VII (1157) dividió su reino entre Castilla y León, pero el ideal de la Reconquista siguió vigente entre los monarcas.
A finales del siglo XII, Castilla y Aragón encontraron un objetivo común: frenar el avance almohade. La relativa calma interna y la dificultad de los almohades para imponerse en una Andalucía que los rechazaba facilitaron la coordinación de campañas en la meseta del Tajo, con asedios a ciudades y castillos.
En ese contexto surgieron órdenes militares propias de la península, como la Orden de Calatrava (reconocida por el Papa Alejandro III en 1164). Estas órdenes, junto a los templarios y hospitalarios, introdujeron un componente espiritual que equiparó la Reconquista a una cruzada.
Los almohades, una nueva amenaza
En 1195, el califa almohade al‑Nasir desembarcó en Tarifa y derrotó a Alfonso VIII en la batalla de Alarcos, una derrota comparable a la de Zallaqa (1086). Tras la derrota, varios reinos cristianos pagaron tributo a los almohades o firmaron armisticios, mientras el propio califa, impulsado por sus éxitos en Ifriqiya y las Islas Baleares (conquista de Mallorca en 1203), decidió reactivar la ofensiva en Al‑Ándalus.
La mediación del arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, consiguió una tregua en 1208. Sin embargo, la Orden de Calatrava resistió más de cincuenta días en la fortaleza de Salvatierra antes de rendirse, lo que impulsó a Alfonso VIII a organizar una gran cruzada para 1212.
La batalla de Las Navas de Tolosa y sus consecuencias
El 16 de julio de 1212, los reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra unieron sus fuerzas y rodearon el paso de Losas para sorprender al ejército almohade. Las cifras son dispares: se estiman unos 70 000 cristianos frente a una cifra almohade tres o cuatro veces mayor.
Los cristianos comenzaron bajo fuerte presión de arqueros y caballería ligera bereber. La carga decisiva de la caballería castellana revertió la situación y provocó la fuga del ejército musulmán. La victoria fue total y marcó un punto de inflexión tanto a corto como a largo plazo.
El triunfo sacudió al mundo occidental; Alfonso VIII emergió como el principal vencedor cristiano, mientras que los almohades iniciaron una lenta erosión de su poder, llegando incluso a solicitar ayuda a los reyes cristianos contra rivales en el Magreb.
Tras la batalla, la Reconquista se aceleró: Córdoba cayó en 1236, Sevilla en 1248, Cádiz en 1263, y solo el Reino nazarí de Granada resistió hasta 1492. Las Navas de Tolosa simboliza el impulso religioso‑militar que, desde la segunda mitad del siglo XII, confirió a la Reconquista una dimensión similar a la de una cruzada.
Bibliografía
D. Menjot, *Medieval Spains (409‑1474)*, Hachette, 2006.
Jean‑Jacques Tijet, *Grandes Heures du Beau XIIème Siècle: From Hastings to Bouvines via Canossa, Constantinople and Las Navas de Tolosa*, 2008.
The Bloodiest Battles in History, Famot, 1997.