Un vistazo al pasado
El viernes de luna nueva del mes de Moharram, en el vigésimo año de la Hégira (equivalente al 22 de diciembre de 640), el general árabe Amr ibn al‑As conquistó Alejandría y la entregó al califa Omar. Ese episodio marcó uno de los últimos golpes contra la famosa Biblioteca de Alejandría, fundada por Ptolomeo Filadelfo a comienzos del siglo III a.C. con el ambicioso objetivo de reunir "los libros de todos los pueblos del mundo".
La nueva Biblioteca de Alejandría
En la década de los setenta, la Universidad de Alejandría planteó la idea de reconstruir la mayor biblioteca de la historia. En 1988 el presidente egipcio Hosni Mubarak puso la primera piedra, pero la obra no comenzó en serio hasta 1995. El edificio de once plantas, costado US$212 millones (gran parte financiados por la UNESCO), se completó el año pasado. Su sala de lectura principal ocupa 38 000 m², la más grande del planeta, y la colección, aún en proceso de ensamblaje, se estima en cinco millones de volúmenes.
Quedan interrogantes sobre el acceso y la censura: ¿se incluirán obras polémicas como "Los versos satánicos" de Salman Rushdie? ¿Se permitirán libros críticos del gobierno egipcio? Estas dudas son tan relevantes como la propia existencia del nuevo recinto.
¿Quién destruyó la biblioteca original?
La historia de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría es, en realidad, una sucesión de incendios y actos de vandalismo que involucraron a varios grupos: árabes, cristianos y paganos. La página oficial de la biblioteca (https://www.bibalex.gov.eg) destaca las versiones anti‑cristianas y anti‑paganas, mientras que la versión anti‑árabe suele quedar fuera.
El relato de Amr ibn al‑As
Contrario al estereotipo del guerrero inculto, Amr ibn al‑As había demostrado interés por la teología. En 636, mientras ocupaba Siria, interrogó al patriarca sobre la exactitud del texto hebreo frente a la Septuaginta. Al llegar a Alejandría, se reunió con el filósofo cristiano Juan Filopo, defensor de tesis monofisite. Durante una larga discusión, Filopo le habló de la Biblioteca, de sus cerca de un millón de manuscritos y solicitó la devolución de los libros que estaban bajo custodia militar.
El emisario de Omar respondió: "Si el contenido de los libros concuerda con el Corán, basta con el libro de Alá; si contradice, no hay razón para conservarlos. Destrúyanlos". Según la tradición, Amr repartió los volúmenes entre los 4 000 baños públicos para usarlos como combustible, y la quema duró seis meses, salvo los trabajos de Aristóteles.
Otras teorías
Los estudios modernos coinciden en que la Biblioteca sufrió varios incendios a lo largo de más de un milenio. Uno de los más citados es el incendio provocado por Julio César en el 48 a.C. cuando quemó la flota egipcia en apoyo a Cleopatra; se estima que entre 40 000 y 400 000 libros se perdieron. Otra versión señala la destrucción final en 391 d.C., cuando el obispo Teófilo, siguiendo el edicto del emperador Teodosio contra el paganismo, ordenó la demolición del Serapeo y de los restos que quedaban.
Estas versiones no son mutuamente excluyentes. La Biblioteca estaba distribuida en varios edificios y depósitos; un incendio en uno no necesariamente afectaba a los demás. Por ejemplo, el fuego de César, centrado en el puerto, habría quemado sólo los textos recién llegados, mientras que el Museo y el Serapeo permanecieron intactos.
Conclusión
La desaparición de la Biblioteca de Alejandría no se debe a un único acto, sino a una serie de eventos políticos, religiosos y militares que, a lo largo de siglos, fueron destruyendo poco a poco su vasto acervo. La nueva Biblioteca, con su imponente arquitectura y su ambiciosa colección, busca revivir ese legado, aunque el contexto actual plantea nuevos retos de libertad de información y acceso universal.