El koro es un trastorno de ansiedad que afecta a los hombres, quienes temen que su pene se retraiga hasta desaparecer por completo.
El término proviene del malayo y significa "cabeza de tortuga". En la medicina tradicional china se le llama sou yang y en la tradición hindú recibe nombres como jinjin, bain marie, suk o yeong. Los chinos consideran que el koro surge de un desequilibrio del yang masculino dentro del concepto de yin‑yang, y lo catalogan como una enfermedad de la civilización.
Este fenómeno ha sido registrado durante siglos en diversas etnias y religiones de Asia y África, sobre todo en sociedades donde la capacidad reproductiva determina el estatus social del joven.
En el Lejano Oriente se atribuía la pérdida de la masculinidad a espíritus como los zorros o a diferentes venenos. En África, la causa se explicaba mediante brujería y maldiciones. En la Europa medieval, el Malleus Maleficarum afirmaba que “Satanás robaba los genitales masculinos para satisfacer a las brujas”.
A pesar de lo absurdo de esas explicaciones, el koro ha desencadenado verdaderas epidemias en varios lugares del mundo.
Síndrome chino
En China el koro no suele considerarse una urgencia médica. El primer brote masivo diagnosticado clínicamente se registró a finales del siglo XIX. El más reciente ocurrió entre 1984 y 1985, cuando alrededor de 3 000 personas acudieron a los hospitales alegando que su pene empezaba a encogerse. La mayoría buscó remedios herbales como una mezcla de pimienta roja y negra, jengibre y jugos variados.

Los pacientes describían una sensación de contracción nocturna, temblores, convulsiones y palpitaciones. Los episodios duraban entre 20 y 60 minutos, tiempo durante el cual percibían una supuesta disminución del órgano.
La vacuna culpable
En Singapur, 1967 marcó el peor episodio de pánico genital. Un rumor vinculaba la vacuna contra la gripe porcina, administrada a los cerdos, con la atrofia del pene, lo que provocó una caída drástica en la venta de carne de cerdo. Las autoridades sanitarias desmintieron la teoría, pero según el Instituto Nacional de Salud, los casos reportados de koro pasaron de dos al año a 70 al día.
La posible extinción del pueblo tailandés
Tailandia vivió dos grandes brotes. El primero, en noviembre de 1976, registró más de 200 casos de psicosis aguda con síntomas como picazón genital, fiebre, desmayos y la percepción de que el pene se volvía notablemente más pequeño.
Seis años después, en 1982, los medios sensacionalistas describieron la crisis como “un ataque a la vitalidad sexual y a la salud de la nación”, insinuando que podría provocar la “extinción del pueblo”. En ninguno de los dos brotes se constató la desaparición real del órgano.

Brujas africanas
En 1975, en varios países subsaharianos, hombres acusaron a mujeres de brujería, alegando que les habían robado el pene. Las víctimas fueron enviadas a psiquiatras y la ola se extinguió en dos años. Un nuevo brote surgió en 1990 y se prolongó hasta principios del siglo XXI, llegando incluso a linchamientos de mujeres sospechosas de magia negra. Algunos perpetradores, liderados por un sacerdote católico que también temía perder su órgano, citaban pasajes bíblicos como prueba de la maldición.
Según una encuesta de Gallup, el 55 % de los africanos subsaharianos cree en brujería, magia y supersticiones, lo que facilita la propagación de pánicos como el koro. En todos los casos, desde la Europa medieval hasta la Nigeria contemporánea, nunca se ha documentado la desaparición real del pene, sea por magia, drogas, vacunas o supuestos “chemtrails”.